Entre los afanes y la mejor parte

Lucas 10:38-42

Escribo estas líneas en medio de una infinidad de interrupciones, viajes, asuntos que atender. Después de todo es mi primera visita larga a mi país desde enero y las cosas se acumulan. Pero a pesar de ello quiero abordar el texto que nos propone el leccionario para el domingo 18 de julio. ¿Cómo puedo acercarme a este pasaje con honestidad y sin prejuicios? Admito que no tengo una respuesta clara. Solo espero que el ejercicio del blogging me permita captar con humildad lo que el evangelio de Lucas nos propone en este pequeño, pero muy particular, pasaje.

Marta y María parecen ofrecer dos posiciones contrastantes en lo que respecta a nuestro acercamiento a Dios. ¡Cuántos mensajes o sermones basados en este texto he escuchado a lo largo de los años! Cuántos llamados a “estar a los pies de Jesús” a “escoger la mejor parte” y de vez en cuando alguna que otra defensa de Marta. Sin embargo, con el paso del tiempo comencé a discernir que “estar a los pies” se tiende a traducir generalmente en mera devoción a líderes, causas, estilos, prácticas y organizaciones. Así uno va entrando gradualmente en un activismo religioso “santificado”. Contradictoriamente, cualquier activista religioso sabe que, a pesar de su dedicación y tiempo invertido, interiormente se siente tan agobiado por la rutina y las exigencias de sus prácticas religiosas que en realidad, ese “estar a los pies”, se ha convertido en sinónimo de esfuerzo y fatiga. Como lo pueden atestiguar cientos de miles de creyentes que laboran ciegamente en las congregaciones del mundo, limpiando los baños, sirviendo comidas, visitando los enfermos, preparando clases, dirigiendo grupos de hogar, atendiendo niños y jóvenes, fundando nuevas iglesias y pare usted de contar.

Cuando en diciembre de 2007 terminé mi compromiso con una responsabilidad que tenía a nivel continental, me enfrenté con la realidad de que tenía mi agenda completamente vacía. Por primera vez en 25 años no tenía que atender ningún asunto urgente, enseñar, aconsejar, dar conferencias o viajar. Me di cuenta que había estado trabajando sin parar casi treinta años compartidos entre mis labores universitarias y la iglesia, aparte de una familia grande que atender. En la universidad tuve dos años sabáticos, uno lo dediqué a mi primer año de doctorado y el segundo a escribir y a desarrollar un proyecto muy grande que acabábamos de comenzar, aparte de que en paralelo trabajamos muy duro en el desarrollo de la comunidad cristiana de Los Teques. Cuando dejé de dar clases en la universidad en 2002, ya habíamos iniciado la plantación de una iglesia en San Antonio de Los Altos y seguíamos laborando sin descanso en los grupos de apoyo y restauración. Así que nunca paré en todo ese lapso de tiempo. Una cosa seguía a la otra, cada proyecto terminado ya tenía en fila su continuación. En fin, lo que quiero decir es que el frenazo de 2008 tocó las fibras más profundas de mi trabajolismo. Estaba como Marta, afanado, inquieto, preocupado y abrumado por muchas cosas, pero la verdad es que no sabía muy bien como “estar a los pies” de Jesús a pesar de mis años de dedicada vida cristiana.

Obviamente, si Marta no estuviera en la cocina, no habría cena, los platos estarían sucios y a lo mejor Jesús emprendería su camino sin probar bocado alguno. No podemos negar que la preocupación de Marta era válida, como nos ha pasado a muchos de nosotros cuando nos quedamos solos en medio de algún proyecto o misión y nos sentimos presionados a responder.

Cuando se analiza el contexto histórico-social se ve mucho más claramente la razón de la molestia de Marta. María se había lanzado confianzudamente a los pies del Maestro para oír sus enseñanzas, quizás porque el ambiente donde se encontraban era el de la privacidad del hogar de aquella familia. Sin embargo, éste era un lugar que le correspondía únicamente a los discípulos varones, según la usanza de la época. Extrañamente, a pesar de su devoción al Maestro, Marta no tenía la misma libertad que María para cruzar esos límites de género tan arraigados en aquella sociedad androcéntrica. Para ella el lugar asignado según las tradiciones era el de la cocina, nada que ver con el ejercicio intelectual o el aprendizaje a los pies de un rabí como Jesús. Así que sus ocupaciones y ansiedades tenían en sí una carga de opresión, desigualdad e injusticia, pues ella debía ser responsable de la hospitalidad y cuidado domésticos, pues por el hecho de ser mujer ése era el lugar que le correspondía.

Para muchos María es un modelo de devoción espiritual, de misticismo, de meditación y oración. Con desfachatez, ella se entregó quietamente a escuchar las palabras de Jesús, sin intermediarios que interpretasen sus palabras de acuerdo a sus creencias androcéntricas, sino para oírlas de primera mano. Esa actitud, que Jesús denomina “la mejor parte”, es esa mezcla de emoción, razón, afecto, intelecto, reflexión, sentimiento y experimentación que caracteriza a la espiritualidad y la contemplación.

¿Será esta entrega de María una forma de escape de la realidad? ¿O una manifestación más de esa alienación religiosa que han denominado el “opio del pueblo? ¿O quizás una fe tóxica que vuelve adictos a sus practicantes? Estas cosas se han dicho de quienes deliberadamente deciden abstraerse del mundo para tener un encuentro con Dios. Tal actitud se la ve con un dejo de desprecio considerándola como una forma de pasividad. Pero, en muchísimas ocasiones el apartamiento de lo cotidiano para la búsqueda del misterio de Dios, es una forma de cuestionar a la sociedad y sus paradigmas, lo cual hace de quienes quieren la “mejor parte”, tremendamente incómodos, subversivos y desestabilizadores como lo ha señalado J. J. Tamayo. Me estoy refiriendo aquí a un postrarse sincero, sin dobles intenciones, sin exhibicionismo, sin manipulaciones, sin mayor protocolo, no mecanizado, ni estereotipado. Nada que ver con el activismo religioso que busca resultados cuantificables. ¡Qué mejor modelo que el de Jesús y María en el seno de un hogar y en la calidez de lo íntimo y sencillo de la vida familiar!

Marta muestra la tensión que existe entre la liberación que produce el postrarnos a los pies de Jesús escogiendo la mejor parte y nuestro sometimiento sumiso a las obligaciones que nos imponen los sistemas de dominación sociales, políticos y religiosos. “Dejar de hacer” algo que está allí simplemente porque sirve para nuestro control, dominación o explotación es a lo que Jesús nos está invitando. Por su parte María muestra la tensión que existe entre nuestra búsqueda real y honesta de Dios y nuestro compromiso con prácticas religiosas alienantes que están allí para regular, establecer divisiones, promover castas y excluir a unos a favor de otros. “Escoger la mejor parte” es escogerle a él y no a los dominios humanos.

Tanto nuestro servicio cristiano, trabajo, accionar diario como nuestro acercamiento a la espiritualidad y contemplación tienen que ser liberadores. Quizás es un ciclo que tenemos que aprender, donde una cosa impulsa a la otra. Algo que todavía estoy aprendiendo.

Anuncios

Acerca de famorac

Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
Esta entrada fue publicada en Reflexiones del Leccionario. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Entre los afanes y la mejor parte

  1. Mayela dijo:

    Exquisito

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s