Padre Nuestro…

Lucas 11: 1-13

La fiebre de la Copa Mundial de Fútbol está pasando rápidamente. Los españoles deben haber regresado a la normalidad y los jugadores de la selección, después de haber firmado ya miles de autógrafos y comido en montones de cenas y fiestas de homenaje, deben estar prestos a reportarse a sus respectivos equipos. La verdad es que España mereció su triunfo en esa Copa, pero su historial previo no daba muchas esperanzas, pues con equipos aún tan buenos como el actual se le vio caer estrepitosamente más de una vez en otros torneos. Por ello, muchos españoles, incluso hasta los más agnósticos y ateos, volvieron a rezar con la esperanza de una victoria que elevara el orgullo nacional.

Ejemplo de ello es esto que el compositor Alejandro Sanz twitteó para las semifinales del torneo:

“Padre nuestro que estás en Sudáfrica. Santificado sea Del Bosque. Venga a nosotros la semi’. Hágase tu voluntad tanto en el cuerpo técnico como en los jugadores. Danos hoy nuestro gol de cada día. Perdona a nuestros defensas como también nosotros perdonamos al árbitro que nos ofende. No nos dejes al borde de la eliminación y llévanos a la final, amén.”

Reminiscencias del catecismo de educación primaria vinieron a la musa de Sanz para pedir por la victoria de su equipo. El estilo del tweet de Sanz es archiconocido pues su estructura y aún palabras han sido copiadas de la oración cristiana por excelencia, el modelo de plegaria que Jesús nos dejó y que conocemos en todas las denominaciones cristianas como Padre Nuestro.

Pero Sanz no es el único que ha usado la estructura literaria de esta oración para expresar sus ideas, preocupaciones e incluso críticas. En cierta forma muchos escritores, escritoras, poetas, poetisas, pensadores e incluso cultores y cultoras de la sabiduría popular se han apropiado de la oración que nos legó Jesucristo interpretándola según su cosmovisión particular. Lo que llama la atención es que de la extraordinaria cantidad de frases, poemas, prosas, cantos y formas de expresión a su disposición en la vasta literatura mundial, ellos y ellas han preferido usar el Padre Nuestro como modelo de referencia.

Usando como puntos de partida para sus nuevas propuestas la estructura, los temas a los que hace referencia, y en muchos casos conservando hasta las mismas palabras, sus irreverentes oraciones apuntan a ácidas críticas o bien desconstruyen ideas, preceptos y prácticas establecidos desde hace mucho tiempo en la fe cristiana.

Así nos encontramos con un Hemingway que describe a uno de sus personajes rezando a la “nada nuestra que estás en nada, nada sea tu nombre nada tu reino nada tu voluntad así en nada como en nada[1]. O una Gabriela Mistral que en su texto Desolación expresa su dolor diciendo: ¡Padre nuestro que estás en los cielos, por qué te has olvidado de mí! Intentando equipararse al Cristo de la Cruz, se encuentra con la frustración de que está sola y desamparada. Mistral ve a un Dios tan lejano que es incapaz de escuchar el clamor del dolor humano y Hemingway en su nihilismo solo ve un vacío en la figura de Dios. En ambos casos el resultado es el mismo, cualquier petición humana es estéril pues ella termina irremediablemente en frustración.

Mientras tanto, el poeta chileno Nicanor Parra no niega que Dios exista, pero lo describe como un ser impotente, acosado por el demonio que no cesa de perturbarle, incapaz de resolver los problemas de los seres humanos, quienes lo comprenden y lo perdonan: Padre nuestro que estás en el cielo, lleno de toda clase de problemas… comprendemos que sufres porque no puedes arreglar las cosas… Por su parte, el dios de Benedetti en su Padre Nuestro Latinoamericano es un activista a favor de los poderosos, o de las naciones capitalistas. Lo describe como un ser injusto, peligroso, dominador y por lo tanto poco digno de confianza. Por ello declara el poeta que así en tu omnipresencia como en mi soledad, así en la tierra como en el cielo, siempre, estaré más seguro de la tierra que piso, que del cielo intratable que me ignora.

Muchos de estos poemas escritos durante el siglo XX eran claros intentos de reducirle importancia a la religión frente a las nuevas ideologías que pretendían apropiarse de la fe popular que había estado por siglos en las manos del catolicismo. En Latinoamérica se intentaba la transición de una visión mágica y omnipotente de Dios a la que el pueblo se aferraba, a una forma más pragmática y política de ver la vida donde los hombres y mujeres eran los protagonistas y dueños de su destino. Por ello Neruda expresa en su discurso al recibir el Premio Nobel: el mejor poeta es el hombre que nos entrega el pan de cada día. Nuevamente tomando prestado del Padre Nuestro para expresar sus ideas socialistas en las que resalta al obrero y al intelectual como fundidos en la misma misión.

Rubén Darío, el gran poeta nicaragüense también intentó el uso del Padre Nuestro en poemas que expresan su búsqueda interior enfocándose en la antigüedad, especialmente en las deidades griegas. Como en una especie de neo-paganismo sustituye al Padre por “Pan”, dios de la naturaleza en la mitología griega. En su poema reza pidiendo el amor nuestro de cada día y clama por un retorno a la preeminencia de bailes, música, risa, amor y jolgorio: Vuélvanos tu reino de fiesta; danos ritmo, medida y pauta al amor de tu melodía; y no le concedas perdón a aquel que no haya amado nunca.

La verdad es que estos escritores y poetas han sido mucho más expresivos y honestos al sacar a la luz las molestias que le producen las palabras del Padre Nuestro, o la forma como se abusa de ellas institucionalmente, o sus discrepancias ideológicas. En cierta medida han aprovechado mejor las palabras de Jesús para expresar su descontento o sus propias ideas. Mientras tanto los cristianos la tendemos a domesticar, a reducir a la mera recitación mecánica, al cántico irrelevante, al uso ritualista. Temas como la naturaleza de Dios, el reino de Dios, la tentación, el perdón, la maldad, el sustento diario, y la voluntad de Dios que forman parte del Padre Nuestro están afectados por nuestras cosmovisiones. La oración modelo por excelencia depende de cómo mi ideología particular me la permita ver. Ella puede ser un somnífero, como me pasaba a mi en los rosarios de los novenarios a los que asistía en mi infancia, algo repetitivo, que no ejercía mucha influencia en mi vida; un panfleto político en las manos de capitalistas, marxistas o ecologistas; un instrumento de liberación para quienes están interesados en la justicia; o bien una herramienta de autoevaluación para quienes están demasiado preocupados por los pecados propios y ajenos.

Pero de lo que tenemos que estar conscientes es que esta sencilla oración refleja lo que Jesús estaba haciendo en su caminar diario en Galilea. No habla de vagas deidades, dioses impotentes o conceptos abstractos. Como dice N.T. Wright (Simply Christian) se trata de una oración que recoge el deseo de Jesús de honrar a Dios y de inaugurar el reino de Dios en la tierra. Un Jesús que alimentó con el pan a las multitudes, perdonaba pecadores y sanaba enfermos.  El mismo que tuvo que soportar la tentación del mal a lo largo de su corto tránsito en esta tierra y la tribulación provocada por sus enemigos que lo llevó hasta la muerte. Pero que sirvió para que la gloria de Dios se manifestase a través de la resurrección. Basándonos en estas premisas tendríamos que decir que la oración no era una simple recitación de frases sino una declaración explosiva que conmovió a los poderes de su época.

¿Cómo podemos leer, proclamar, orar con el Padre Nuestro en nuestro tiempo, manteniendo su poder original? ¿Qué significa orar al “Padre” en sociedades dónde la paternidad es cuestionable y el patriarcado ha hecho su mella sobre hombres y mujeres? ¿Pedir que “venga el reino” en culturas avasalladas por el mercado o por regímenes dominadores que buscan imponer sus ideales a las personas? ¿Pedir apenas “pan diario” donde las carencias abundan y la ansiedad de no poder completar el día domina nuestros pensamientos? ¿Comprometerse con el perdón donde hay tanta injusticia y los unos se aprovechan de los otros? ¿Rogar por protección donde la maldad se ha multiplicado tanto en violencia y guerras, amenazas constantes, pero sobre todo por la inmensa desconfianza que sentimos de quienes nos rodean y de los líderes que tienen el poder? ¿Cómo celebrar la victoria de Jesús, su gloria, su poder por los siglos, cuando nos sentimos abrumados y desesperanzados?

He allí donde la declaración del Padre Nuestro cobra su vigencia, nos hace ver dónde están las dificultades y dónde requerimos la intervención divina. ¡Volvamos a orar con entendimiento!


[1] Un lugar limpio y bien iluminado. (Cuento)

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Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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