Una nueva semántica del monitoreo de presidentes

Éste quizás sea un título extraño para quienes lean este blog. Sin embargo, tiene que ver con algo con lo que estuve comprometido por un largo período de veinte años y que formó parte de mi tesis doctoral. Junto con mi buen amigo Gianfranco nos dedicamos a imaginarnos cómo podíamos hacer que el monitoreo de pacientes en situaciones críticas fuese mucho más “inteligente” y adaptado a las necesidades de cada individuo. Es decir, no simplemente detectar cambios y disparar las alarmas de la variables que se estaban supervisando, sino que los sistemas de vigilancia se pudieran alimentar con información del contexto, conocer las tendencias evolutivas, correlacionar con las terapias que se aplicaban, e incluso ir más profundamente hasta el conocimiento pato-fisiológico necesario, para así imitar mejor el razonamiento humano en situaciones complejas, estresantes y sobre todo que requerían una dedicación muy intensa (días y horas seguidos de vigilancia).

Conversamos mucho sobre el tema, con gente de muchas partes del mundo y sobre todo con estudiantes en Venezuela y Francia. Lo cierto es que era, y es, difícil de escapar del uso de una gran cantidad de variables, mediciones, síntomas, signos, observaciones, datos, bases de conocimiento sobre fármacos, conocimientos fisiológicos y anatómicos que alimentaban una etapa de cálculos matemáticos sofisticados para “fundir” toda esta información y luego entrar en otra etapa de inteligencia artificial que produciría el resultado que esperábamos. Básicamente, una descripción cualitativa del estado del paciente con un nivel de expresión tal que permitiese afirmaciones menos vagas, que dieran una idea de la evolución temporal, que combinaran la información originada en diversas fuentes de datos y que fuesen lo suficientemente ricas en contenido como para producir alarmas con un menor número de errores. Dependiendo de la aplicación se esperaban el uso de palabras como por ejemplo, “severo”, “moderado”, “leve”, “extremo“, estable”, “inestable”, “incrementa”, “disminuye”, “estacionario”, “alto”, “bajo”, “normal”, así como de otras que no recuerdo ahora, y combinaciones de ellas, dentro de frases más estructuradas, que dichos sistemas inteligentes debían producir de forma automática, pero ajustándose a ontologías o vocabularios médicos aceptados internacionalmente. Todo ese trabajo de investigación y desarrollo no era sencillo en esos años y no lo es hoy en día tampoco, aún cuando los medios informáticos y sus estándares asociados han mejorado notablemente.

Pasados ya algunos añitos, me encuentro ante el inevitable y difícil proceso, que ha resultado ser el seguimiento de la evolución de la salud de nuestro presidente, o su monitoreo como diríamos nosotros en aquellos tiempos. Con extraordinario poder de síntesis, lo que podría describirse como un cuadro bastante lleno de detalles, complicaciones, eventos, pronósticos, variadas terapias, ensayos y errores, ha sido reducido por los voceros gubernamentales a parcas expresiones muy simples y carentes de poder descriptivo. Como por arte de magia lo que podría llenar pesadas bitácoras con anotaciones, descripciones, citas de artículos científicos, referencias de consultas a otros especialistas, resultados de exámenes, y un mar de todo tipo de datos médicos, entra al algoritmo gubernamental de donde salen expresiones simples que aparentemente producen la tranquilidad deseada en un pueblo que se ha mostrado bastante resignado ante la falta de información.  Para muestra me he permitido extraer algunas frases de entre los floridos discursos gubernamentales. Aunque ciertamente las palabras de relevancia médica escasean y se repiten en combinaciones diferentes pero obviamente bien cuidadas, lo que demuestra un sistema muy eficiente para la producción de descripciones subjetivas del estado del paciente, que en si mismas no proveen mayores datos:

  • progresiva y favorable recuperación
  • ha respondido en forma favorable
  • recuperación ha sido lenta pero progresiva
  • avances favorables
  • tendencia positiva en la recuperación
  • estabilidad
  • situación estacionaria
  • asimilando de buena manera
  • ligera mejoría
  • estable dentro de su cuadro delicado
  • estabilizándose
  • con mayor fuerza vital

 ¿Podríamos o deberíamos aspirar a algo mejor que estas lacónicas frases? ¿Es realmente importante que como ciudadanos tengamos una mejor descripción médica de lo que acontece con el presidente? ¿Debería ajustarse el algoritmo gubernamental para entregarnos un contenido de mayor calidad descriptiva?

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Fuente Noticias24

Las fuentes del gobierno han justificado su estilo informativo en base a la protección de la privacidad del paciente. Ciertamente, cada persona está en pleno derecho de decidir cuánto quiere revelar de su enfermedad ¿debería ser esta consideración diferente para un presidente en ejercicio? Algunos comentaristas consideran que el contexto en que vivimos es prácticamente de guerra y por lo tanto no resultaría adecuado revelar demasiado acerca de la situación del líder máximo de la nación. Otros señalan la ambigüedad presente en los reportes que se han dado, hasta el punto de que en algunos casos generan reacciones sarcásticas y ácidas en quienes los leen o escuchan, lo cual provoca un efecto negativo en general.

Hay quienes expresan vehementemente que en otros países la salud de los dirigentes es conocida en detalle y que los reportes acerca de las enfermedades que sufren son precisos y ofrecidos por especialistas en el campo y que nosotros deberíamos tener lo mismo. Se citan ejemplos de Lula y de Dilma en Brasil, y más recientemente el de Santos en Colombia. Sin embargo, también hay notables casos emblemáticos que parecen contradecir esta idea, como el de Miterrand que gobernó Francia durante 14 años sufriendo en secreto de un cáncer de próstata que se había esparcido a sus huesos; el de Ronald Reagan que parecía vigoroso, alegre, que saludaba a las personas desde la ventana del hospital, después del atentado de que fue objeto, aún cuando en realidad solo pasaba muy cortos períodos de tiempo consciente; el de John Kennedy quien había ocultado que sufría de colitis, úlceras duodenales, osteoporosis, una insuficiencia hormonal grave llamada Enfermedad de Addison, un dolor de espalda severo, todo lo cual lo llevaba a tomar más de ocho medicamentos diferentes diariamente y pasar por largos períodos de incapacidad; y el caso de Eva Perón, quien ni siquiera sabía que sufría de cáncer, que fue operada por un cirujano que nunca habló con ella y que se le practicó una lobotomía para controlar los dolores que sufría.

Igualmente hay historias de depresión, enfermedad cardíaca, polio, adicciones de diversa índole, diferentes tipos de cáncer, senilidad y otros males que han afectado a gobernantes en todas partes del mundo, lo cual hace muy difícil establecer reglas generales de cómo se debe manejar la información médica que se va generando y cuánto nivel de secreto se debe guardar. Respecto a algunos aspectos éticos me atrevería a hacer estas observaciones:

  • Los gobernantes están en pleno derecho de mantener la privacidad de su enfermedad hasta un cierto límite, pues su estado de salud podría afectar la vida del país. En contraste con muchos otros casos, nuestro presidente informó acerca de su cáncer en diferentes momentos, lo cual permite que se sepa al menos en forma general el tipo de mal que lo aqueja. Lo malo de ello es que también se conoce que los porcentajes de supervivencia del cáncer son bajos y que los pronósticos podrían no ser muy alentadores, lo cual da pie para especulaciones de toda índole.
  • La privacidad de la información no debe evitar que se pueda evaluar de manera objetiva si el estado del paciente afecta o afectará sus condiciones para el ejercicio del cargo.  Los informes suministrados con la semántica que se ha usado, no permiten hacer esa evaluación. Tampoco, que yo sepa, hay especialistas designados que puedan hacer semejantes evaluaciones en forma objetiva.
  • Quizás lo más grave es el hecho de que durante el proceso de elecciones la condición médica del candidato a la reelección fue pasada por alto. De alguna manera se negó el hecho de que existía la posibilidad de que se produjera una condición incapacitante que no le permitiese concluir su mandato. Tal vez es aquí donde radica el verdadero problema pues se podían haber prevenido muchísimos inconvenientes.

Ahora bien, me permito terminar con una nota personal. Durante el año 2012 mi padre fue diagnosticado con cáncer e inmediatamente se sometió religiosamente a un tratamiento de quimioterapia y más adelante radioterapia. Lamentablemente falleció unos diez meses después del diagnóstico inicial. Quizás el cáncer tenía tiempo haciendo sus estragos y el desenlace fue rápido. Sin embargo, a pesar de su edad, y aún completamente consciente de su difícil condición de salud, mi padre siempre se mantuvo esperanzado de una recuperación y hasta las últimas horas de su vida luchó por ello. La sicología de cada paciente es diferente, pero podría atreverme a especular que esa misma clase de esperanza está presente en el presidente y su entorno familiar y eso es algo encomiable. Lo único que yo diferenciaría es que mi padre estaba completamente dedicado a su curación, sin tener que gobernar, decidir sobre tipos de cambio, inversiones, pagos de la deuda pública, nombramiento y remoción de funcionarios, relaciones internacionales. Mantener a un enfermo en el trabajo puede traer más descalabros que beneficios. Pero ya hablaremos de eso más adelante.

 

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Acerca de famorac

Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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