A un amigo pescador….

Corría el año de 1974 y Sartenejas no era más que los famosos galpones de Estudios Generales, la casa del estudiante, los edificios de Básico I y II, y un recientemente inaugurado edificio MYS con el nuevo comedor. Lo demás eran movimientos de tierra y proyectos que esperaban el influjo del crédito del BID. La carrera de ingeniería electrónica graduaba su primera promoción y llegaba como novedad aquella minicomputadora PDP-11 que muy pocas instituciones educativas en el mundo podían darse el lujo de tener. La mayoría de los estudiantes de la cohorte de 1970 se orientaban hacia digitales, control o telecomunicaciones. Sin embargo, se corría la voz en los pasillos de que una electiva sobre bioelectrónica podría ser ofrecida por el departamento de “Bioingeniería”.

logo usbCreo que unos diez o doce de nosotros nos apuntamos en aquél experimento liderado por un ingeniero, Enrique Tejera Rodríguez, un físico, Luis Lara Estrella y un médico, José Luis Cevallos. La idea era introducir a los ingenieros electrónicos al mundo de la ingeniería aplicada a las ciencias de la vida, con especial énfasis en las aplicaciones médicas. Llegamos a la primera clase con reservas. Sólo conocíamos al ingeniero pues había dado clases de electrónica. Los demás profesores eran unos desconocidos, no sabíamos si habían libros en la biblioteca sobre el tema, no existía laboratorio, y el curso no parecía tener una aplicación práctica inmediata (comparado con las demás electivas). Para colmo de males las clases fueron programadas en un salón de uno de los galpones de EG, lejos de donde estábamos normalmente para las otras clases de la carrera.

Con el perdón del colega ingeniero, debo decir que el show se lo robaron el físico y el médico. José Luis hizo una presentación de la fisiología humana de una calidad tal que me sirvió para los cursos de postgrado que vendrían más adelante. Pero el que estaba verdaderamente comprometido con la idea de desarrollar la bioingeniería en la USB era Luis. Sus clases en aquel momento eran el reflejo de su personalidad y su juventud. En aquellos tiempos su pasión era la biofísica, pues acaba de terminar su maestría en Puerto Rico. Hablaba de sus experiencias, de los equipos electrónicos que había usado, de los calamares y otras especies que usaban para los experimentos, de sus mentores y sobre todo de la licenciada en matemáticas que lo había ayudado en los cálculos para su tesis, su esposa Sonia. Después de tres trimestres intensos, y de escuchar con avidez la prédica de Luis, muchos de los que estábamos allí salimos decididos a convertirnos en ingenieros biomédicos. Al menos la mitad nos fuimos al exterior a hacer maestrías y doctorados, y algunos hemos dedicado toda nuestra vida profesional al desarrollo de este campo.

Unos años después, en el verano de 1978 buscaba unos libros en la “bookstore” de la Universidad de California en Berkeley en la calle Telegraph, cuando me encontré sorpresivamente con Luis. Siempre pensé que él se iba a ir a estudiar con Bernard Katz en Londres o algo así. Sin embargo, estaba allí en California haciendo su doctorado en biofísica becado por el BID, a escasos 90 kilómetros de donde yo estaba haciendo una maestría en ingeniería biomédica con una beca de Fundayacucho, como parte de un proyecto para crear un hospital cardiológico nacional. Hablamos largamente y me llevó a conocer su laboratorio. Me preguntó sobre lo que estaba haciendo y le expliqué que trabajaba en mi tesis sobre ecocardiografía doppler, pero que acababa de terminar dos internados en hospitales dentro de sus departamentos de ingeniería clínica. A Luis le brillaron los ojos, nunca había escuchado el término, tanto se interesó en aquella especialidad que quedó decidido a meter tantas materias como fuera posible del área de ingeniería biomédica en su formación de doctorado.

El proyecto del cardiológico nunca despegó y yo decidí irme a trabajar a la USB al comienzo de 1979. Ya había un pequeño núcleo de bioelectrónica en el departamento de electrónica y circuitos y hasta un proyecto financiado por el Conicit. A mi me tocó crear las primeras electivas de pregrado (luego postgrado) sobre Instrumentación Médica y dirigir un grupo creciente de tesis de pregrado en el área. Hicimos varias cosas y colaborábamos con José Luis Cevallos en el curso que seguían dando en el ahora llamado Departamento de Procesos Biológicos y Bioquímicos. Pero no teníamos una definición o una idea clara de lo que debíamos hacer para desarrollar la ingeniería biomédica. Hasta que apareció un buen día Luis Lara y comenzamos a conversar de nuevo. En aquel momento me preparaba para cambiar de dedicación, irme a trabajar con alguna casa distribuidora de equipos médicos, o algo por el estilo. Coincidencialmente, en esos tiempos conocí también a Gianfranco Passariello y empezamos a evaluar la posibilidad de trabajar juntos pues el estaba cambiándose del IUT de La Victoria a la USB. Así que detuve esas ideas de renunciar a la universidad para quedarme e intentar un nuevo sendero.

Con la persuasión que caracterizaba a Luis, se las arregló para arrancarle al rector de aquél entonces, José Roberto Bello, una carta en la que lo nombraba presidente de una comisión de trabajo para la propuesta de una programa interdisciplinario para docencia, investigación y extensión en una mezcla de cosas que incluía biofísica, biología, psicología y las carreras de ingeniería que se dictaban en la USB. Habían varias personas en la comisión, pero no todos estaban muy claros de lo que querían, ni de lo que debían hacer. Pero, Gianfranco y yo fuimos incluidos y comenzamos a trabajar con Luis, que era el motor del esfuerzo y el que hacía las conexiones con las autoridades. El trabajo fue largo pero interesante, evaluamos las fortalezas internas y los convenios que harían falta, queríamos terminar con una propuesta seria y bien detallada. Nuestros temores e inseguridades se debían a que el área no era bien conocida y no se percibía con una identidad propia, parecía que solo tomábamos prestado elementos de disciplinas más tradicionales.  Al final concluimos un informe en 1985 en donde recomendábamos la creación de un grupo interdisciplinario de trabajo, que podría eventualmente convertirse en un centro de investigación, al que denominamos Grupo de Bioingeniería y Biofísica Aplicada (GBBA). Luis quedó como el primer coordinador del grupo y así comenzó una nueva etapa de la Bioingeniería no solo para la USB, sino para Venezuela y el resto de América Latina. Sin muchos aspavientos, pero con un sólido trabajo a lo largo de más de 28 años, a pesar de que el GBBA nunca ha aparecido formalmente en ningún organigrama de la USB, ése fue su inicio y Luis su gestor.

Aún cuando Luis siempre mantuvo su interés en la biofísica y sobre todo la bioelectricidad, durante los inicios del GBBA desarrolló con más ahínco su pasión por la ingeniería clínica y los problemas tecnológicos de los hospitales nacionales. Trabajamos mucho en eso y hay muchas historias que contar. Sin embargo, el continuo luchar dentro de un sistema sanitario que parece mantenerse en un ciclo perverso de ineficiencia me llevó a frustrarme y apartarme de esa área progresivamente.

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Por eso yo tengo que quitarme el sombrero ante Luis, pues se mantuvo allí hasta el final, formando gente, asesorando instituciones, proponiendo soluciones. Realmente en ese sentido fue un incansable luchador, el tipo de profesor universitario que necesitamos. Una persona completa que merece ser recordada y apreciada. Un amigo, que quiso volverse pescador al final de sus días. Quizás para encontrar los calamares de sus primeros experimentos en el mar venezolano…

Hasta luego Luis, te echaremos de menos….

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Acerca de famorac

Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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4 respuestas a A un amigo pescador….

  1. Karlena Lara-Otero dijo:

    Gracias por estas líneas tan conmovedoras. Siempre recordaremos a mi papá como un hombre apasionado por todo lo que hacía, fuese enseñar, pescar, gritar…su pasión ante la vida y su autenticidad como ser humano hicieron de él un hombre inolvidable, cuyo legado transcenderá por muchas generaciones. Para mí, y sé que para muchos, es un modelo a seguir y siempre vivirá en nuestros corazones.

  2. Ricardo Silva dijo:

    Estimado Fernando:

    Muchas gracias por compartir esta historia. Para los que hemos compartido estos últimos años con Luis Lara es muy agradable recibir las palabras de aquellos que dieron los primeros pasos y sobre todo cuando dichos pasos están acompañados de un sentimiento de amistad. Es muy interesante como cierras esta historia circular del profesor que empezó pescando sueños en Puerto Rico y culminó como guía de Pesca en Agua Salobre. Dejándonos engarzados a unos cuantos en las redes de la bioingeniería e ingeniería clínica.

    Muchas gracias y un fuerte abrazo,

    Ricardo

  3. Rodrigo Mijares Seminario dijo:

    Hola Fernando
    En mi caso, cuando conocí al Prof. Lara en el Hospital Militar Dr. Carlos Arvelo y me empezó a conversar sobre la Ing. Clínica quede prendado de sus ideas. Luego asistí a todas sus conferencias y decidí seguir el rumbo pautado por ese distinguido Profesor. Si, abandone todo lo que realizaba en ese momento y me dedique en cuerpo y alma a trabajar conjuntamente con ese Maestro y Amigo. Luego de casi 20 años y mirando el retrovisor, puedo exclamar que fue un tiempo que he disfrutado y crecido intelectualmente al lado de ese amigo. Por eso soy uno de los dice que el grupo liderizado por el Prof. Lara no realizaba un trabajo que al despertarnos nos daba pereza o lo hacíamos por quince y último, por el contrario, disfrutábamos y todo ese tiempo fue de gran felicidad. Pudimos conocer a lo largo de todo el territorio nacional la gran mayoría de los hospitales y planteamos sugerencias para su mejoramiento. Especial mención fue lo realizado en el Hospital de Niños J.M. de Los Ríos, que se pudo recuperar en menos de cuatro meses y al año ya tenía un reconocimiento por la Comunidad Europea al donar al proyecto unos cuatro millones de euros. El Grupo se desarrollo ampliamente con la llegada del Prof. Ricardo Silva, la Lic. Zaida Sierra y el TSU Rubén Lugo. Nuestro reconocimiento en vida a nuestro Maestro fue la de llamar a nuestro Laboratorio “Prof. Luis Lara Estrella”. Nuestro reto es consolidar las ideas de nuestro mentor y alcanzar el objetivo que nos trazamos “Mejorar la calidad de vida del Venezolano”, no importa si morimos y no lo podamos ver.
    Un gran abrazo
    Rodrigo Mijares Seminario

  4. Pescador de corazones soñadores no convencionales, me incluyo humildemente en esa red. Yo agradezco la sonrisa y las carcajadas que nos regaló en cada practica de laboratorio de biofísica, en cada reunión de SOVEB o CORAL, en su oficina, o en un pasillo. Gracias por hacerse querer en la USB y más allá de nuestra todavía muy privilegiada burbuja. Con cariño, Ninoska.

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