Pasando el manto

Tengo días rumiando estas ideas pero como siempre se me hace difícil decantarlas ante tanta lluvia de información por todos lados, tantos imprevistos, tantos cambios, tantas incertidumbres en este país que llamamos Venezuela.

Ayer miraba una producción de la TV del Estado sobre la carrera militar del presidente fallecido Hugo Chávez Frías (HCF) y me impresionó que su fecha de graduación en la Academia Militar de Venezuela fue en julio de 1975, es decir a apenas unos pocos días de mi graduación de ingeniero en la Universidad Simón Bolívar. Entonces comencé a tratar de recordar cuántas veces jugamos baloncesto contra el equipo de la AMV en su gimnasio de El Valle y si alguna vez había visto a su equipo de beisbol, del cual se supone HCF formó parte activa. Obviamente, a partir de ese julio de 1975, el siguió su camino militarista y yo el mío civil, tratando de aprovechar las oportunidades que los gobiernos democráticos de esas épocas nos daban y también pasando mucho trabajo cuando las puertas se cerraban y las frustraciones nos deprimían. Lo otro que pensé es que mientras HCF se dedicaba a madurar su movimiento y recibir las ideas que lo formarían políticamente, yo me dedicaba a formar profesionales en la USB, a crear un grupo de investigación y desarrollo, a participar en la vida de una comunidad cristiana y a formar una familia. Cuando HCF irrumpe en escena, el 4 de febrero de 1992, apenas unas horas antes había enviado, junto con mi amigo Gianfranco, invitaciones a investigadores de diversos países para colaborar en un número especial de una revista sobre el tema de investigación que trabajábamos en aquellos tiempos que era bastante novedoso. Tanto fue el impacto de esos momentos que el editorial que debíamos escribir lo titulamos Coup d’Etat. En otras palabras, mientras él trabajaba en su cosa, nosotros estábamos fajados con la nuestra (aunque a veces nos hizo pensar en sus discursos que no estábamos haciendo nada en realidad). ¿Quién iba a pensar en aquél momento que aquella figura que aparecía en televisión estaría ligada a la vida nacional durante los siguientes 21 años?

Al ver las escenas de su funeral y los traslados que han ocurrido en la ciudad capital quedo sorprendido de la extensión de este influjo y me pregunto de sus consecuencias a largo plazo. Ya no es solo una cuestión de ideologías, sistemas políticos o económicos, la temática de la pobreza, o el concepto de “el imperio”. Ahora la cosa se ha extendido a cuestiones que rayan en lo mítico y en los límites de la fe y las creencias. Me pregunto incesantemente, cómo es que alguien de mi tiempo y espacio, que frecuentó lugares conocidos por ambos (tal vez hasta jugó pool en el billar que estaba en el sótano del edifico de Sabana Grande donde ahora quedan las nuevas residencias estudiantiles), oyó la misma música y leyó algunos de los mismos libros que yo, puede haber conmovido a tantas personas en un espacio de sólo 21 años.  Mis respuestas a esta pregunta es algo que me gustaría al menos esbozar. Responderla cabalmente quizás requiera años sucesivos de estudio por parte de científicos sociales. Pero comencemos por algo al menos.

Como muchas cosas en la búsqueda de respuestas tienen que ver con el tratamiento de la sucesión de HCF, mi mente se trasladó a algunos eventos de ese tipo que aparecen en la Biblia. Uno que me resonaba era el pase del manto profético de Elías a Eliseo en 1 Reyes 19:20 en el Antiguo Testamento, y que finalmente se hace efectivo en 2da de Reyes capítulo 12. Memorables son las palabras de Elías: “Pide lo que quieras que haga por ti, antes que yo sea arrebatado de tu lado” a lo cual Eliseo ni corto ni perezoso respondió: “te ruego que pase a mí una doble porción de tu espíritu”. En otras palabras, el doble del poder, inteligencia, sabiduría, sagacidad, valentía y paciencia de Elías, ni más ni menos, es lo que pide Eliseo. Elías promete que será así solo si Eliseo presenciaba su partida. Pero esto no era suficiente, también era necesario que otros testigos presenciaran una demostración del nuevo poder que reposaba en Eliseo, cosa que efectivamente ocurre y ante lo cual los hombres que lo ven se postran en sus rodillas y expresan con admiración que: ¡El espíritu de Elías reposa sobre Eliseo!

(c) The Fitzwilliam Museum; Supplied by The Public Catalogue Foundation

Ploughing: study for the mantle of elijah

Si aplicáramos esta sencilla secuencia a lo que hemos presenciado por todos lados esta semana diríamos que: 1) Elías escogió de antemano a su sucesor, 2) El sucesor un poco inseguro de sí mismo muchas veces le pidió que no lo dejara, 3) La petición es que el “espíritu” o carácter del mentor, de alguna manera se visibilizara en el discípulo de una manera doblemente poderosa, 4) Se necesita un símbolo de ese traspaso, el cual viene a ser el “manto” de Elías recogido por Eliseo y accionado por éste para demostrar el nuevo poder con que ha sido investido, 5) Hacen falta los testigos que de alguna manera ratifiquen y comprueben que, en efecto, en Eliseo se hace presente de forma vívida el mismo espíritu que Elías poseía y por lo tanto es digno de fiar y de seguir, y 6) Por último, no se deben subestimar los que hagan caso omiso de esas señales y prodigios y que se mofen del nuevo ungido, bien sea por su apariencia física o sus dotes intelectuales, eso si, sin olvidar que en esa doble porción del espíritu de Elías hay poder de sobra para despedazarlos y no tener que preocuparse por ellos.

espadaNo resulta muy complicado usar este pasaje de forma alegórica y encontrar los paralelos correspondientes entre esta historia y algunos eventos que presenciamos en estos días. Evidencias de la escogencia del sucesor de HCF han quedado grabadas digitalmente y corren por el mundo de forma viral, igualmente vimos a un titubeante “sucesor designado” aferrarse a la esperanza de que su mentor no partiese de esta vida. El símbolo se vislumbra en la espada de Bolívar, lo cual tiene significado para unos, o en la cuenta de twitter que lo tiene para otros, o en la camisa verde oliva con charreteras que tiene poder visual televisivo. Las constantes invocaciones a HCF por parte del sucesor solo demuestran esa necesidad de la “doble porción” que ahora hace falta, los testigos han tenido que recogerse por aquí y por allá, pero existen los que ya pueden atestiguar que es el mismo espíritu, y los burlones sobran adentro y afuera del país, es más están organizados y tienen un plan “desestabilizador”. Sin embargo, todo esto sigue pareciendo mágico y no explicaría cómo hemos sido conducidos hasta aquí y mucho menos hasta dónde es que vamos a llegar. Tal vez requerimos de un enfoque un poco más científico que nos oriente y nos ayude en la comprensión de las cosas.

Por ello también ha revoloteado en mi cabeza esa idea que introdujo Max Weber (1864-1920) sobre lo que denominó la “rutinización del carisma”, cosa que había yo estudiado hace algún tiempo atrás pero siempre en relación a movimientos religiosos, especialmente cristianos. Antes de elaborar un poco sobre el tema, las palabras por si solas pueden arrojar algo de luces. “Rutinización” se refiere a la vida diaria, a lo común o estándar. “Carisma”  hace referencia a un cierto don, poder, característica de origen extraordinario o sobrenatural, que una persona posee. En términos cristianos es charis o el don divino que reposa sobre un individuo para ejercer un rol en representación de Dios, generalmente ligado a la profecía. Así que esta rutinización del carisma básicamente describe al mecanismo por medio del cual el carácter extraordinario de aquel individuo que ha conseguido destacarse y exaltarse como líder de un movimiento, grupo, o país, ahora va a ser progresivamente institucionalizado, convertido en tradición, traducido a prácticas y rutinas que pueden ser aprendidas y racionalizadas por sus seguidores. Se parte de la base de que el “carisma” en sí mismo se sale de la norma y de la cotidianidad, por lo tanto es transitorio. Para que no sea efímero, una vez que el líder carismático desaparece, su esencia debe ser rutinizada, convertida en enseñanzas, en prácticas, símbolos y estructuras que la representen.

Sin lugar a dudas que todo es demasiado reciente, pero ya se pueden comenzar a ver los primeros pasos de esta rutinización. Por un lado, está el problema de la sucesión, puesto que por tratarse de un líder fuera de lo común, los simples mortales que le rodean no pueden llenar del todo su vacío. Así que la simbología que se use pasa a tener una importancia suprema. Además, hay que empezar a definir cómo se va a establecer la nueva rutina, las tradiciones que deben surgir, las nuevas prácticas que permitan extender ese carisma mediante estructuras organizativas complejas y pesadas instituciones. Alberto Barrera Tyszka trataba de satirizar un poco lo que estamos observando en su artículo de opinión de este domingo en El Nacional. Con sarcasmo expresaba que le parecía que Venezuela era “cada vez menos país y más iglesia”. Pero éstos no son más que los prolegómenos del proceso rutinización del carisma de HCF, en el cual según Max Weber, la casta sacerdotal pasa a tener una importancia suprema. ¡Así que veremos mucho más amigo Barrera!

Antes de detenernos un poco más sobre la rutinización, es necesario considerar el tema del liderazgo carismático de HCF, cómo y por qué surge, a pesar de que los orígenes del personaje parecen ordinarios como ya resaltábamos al comienzo. En una próxima entrada trataremos de entender algo de este fenómeno considerando algunas de las propuestas de Weber, pero también echándole una mirada a extensiones de estas teorías que han sido formuladas más contemporáneamente.

 

 

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Acerca de famorac

Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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