Reflexiones en mi cumpleaños número sesenta

En 1975 un cardiólogo andino, radicado en Caracas, me preguntó a mi y a un pequeño grupito si queríamos participar en la construcción del mejor hospital cardiológico de América Latina. Nuestra respuesta fue obviamente “¡Por supuesto que sí!”, apenas tenía 21 años. Seguidamente el médico agarró una de esas viejas agendas, escrita por todos lados, y en un recodo de una página escribió los nombres de al menos cuatro estudiantes que esa tarde habíamos ido por mera casualidad al Instituto de Medicina Tropical de la UCV. Simplemente dijo, dentro de poco los llamo para concretar sus becas y que se vayan a Houston o a Boston a formarse como ingenieros en el naciente campo de la bioingeniería.

Salimos de allí a terminar nuestras carreras. Comenzamos a trabajar. Era una época floreciente en Venezuela. Casi no tuve que hacer esfuerzo para encontrar trabajo y apenas unas cuatro semanas de haber recibido mi título de ingeniero ya estaba trabajando en una empresa de consultoría. Como pertenecía al grupo de los pichones, de inmediato me mandaron al campo, es decir, a los grandes proyectos de la industria básica, especialmente el llamado Plan IV de SIDOR.

Aquello era pura efervescencia. Había gente de todas partes de Venezuela y del mundo. Uno de los proyectos que me mandaron era el diseño de la red de comunicaciones del edificio de investigación y desarrollo de la siderúrgica, desde la central telefónica hasta los abonados, todos los intercomunicadores y el cableado de TV, nada de redes de computadora o Internet, todo analógico. Espero que esos investigadores se hayan podido al menos llamar por teléfono y que los errores que cometí no hayan sido muy notorios.

Mientras tanto en la empresa otros colegas trabajaban en numerosos proyectos, se respiraba un aire de optimismo, de que se podían hacer las cosas, que valía la pena emprender cosas nuevas. Algunos salieron de allí a crear empresas innovadoras en el campo de la electrónica y telecomunicaciones. Otros de los que se graduaron conmigo se fueron a la industria petrolera, otro tanto se benefició de los programas de becas y se comenzaron a formar en Estados Unidos y Europa.

Como al año de aquel encuentro fugaz con el cardiólogo tachirense, recibí una llamada de uno de mis grandes amigos y me dijo: “¿sabes que nos llamaron para lo del hospital cardiológico? Tenemos que ir a una entrevista”. En pocas horas mi vida cambió (debo decir que la de mi amigo también aunque trágicamente pues falleció mientras hacía su maestría). Comenzamos a soñar en una Venezuela próspera, con desarrollo tecnológico, con programas de salud de alta calidad, con nuestros propios diseños de marcapasos, válvulas, arterias, equipos, sistemas informáticos… Me fui a otro país a prepararme y volví porque nuestro interés era trabajar por Venezuela. Durante treinta años continuos eso fue lo que hicimos y quizás lo que seguimos haciendo.

MAESTRIA

Tal vez se pregunten, ¿Por qué estás contando todo esto? ¿Por qué tanta nostalgia? Es que hace apenas unos días llegué a mis sesenta años y como me dijo una señora en Mérida, eso no es cualquier cosa. Así que me dio por reflexionar un poco acerca de este peregrinaje de vida y de cómo ha cambiado mi país. Como pueden darse cuenta, mi formación y mis mentores, intencionales y accidentales, forjaron una idea de progreso, de avance, de futuro en mi persona. Esos años en California y los innumerables viajes de estudio a Francia, las conversaciones en la USB, los proyectos, las ideas, todo apuntaba a ver un mejor país en algún momento, quizás cuando llegara a los 60 años, un poco antes de que “las que muelen sean pocas, y dejen de moler” como dice el libro de Eclesiastés (12:3-7)

Bueno, llegados los sesenta años, jubilado de mis labores universitarias, salimos a la calle a encontrar el país que esperaba hacer progresar con mi esfuerzo y el de muchos otros y me encuentro con una nación complicada, materialista hasta la médula, en cierta forma mendigante, dependiente de una dádiva de funcionarios que controlan y determinan nuestra vida. Durante el mes de mi cumpleaños número sesenta, Nora y yo experimentamos en carne propia el ir y venir, los trámites, las colas, la escasez, el deterioro social, físico, moral y espiritual, y la incertidumbre a la que estamos sujetos la mayoría de los venezolanos. Debo decir que encontramos bondad en muchas personas, restos de la calidad humana de los venezolanos, pero nada o poco, de aquél país de progreso, de avance y optimismo. ¿Sería que aquello no “era sino pura ilusión y como querer atrapar el viento”?

Mientras tanto la imaginación de nuestro país está contaminada. No se nos habla de libertad para emprender e innovar sino de controles y castigos. Ni de paz, encuentro o cooperación sino de guerra y conflicto. Tal vez llegó la época que describe el libro de Eclesiastés en las que “el necio ocupa altos cargos mientras que la gente que vale ocupa puestos humildes” (Ec. 10:6). Estamos en un punto en el que perder la esperanza está muy cerca, la idea de escapar es acariciada, los ideales se pierden, los sueños se hacen difíciles.

A pesar de ello, al arribar a los sesenta años de edad, sigo apelando a aquellos sueños de progreso, de esperanza para mis nietos, pues como me lo recuerda el libro de Eclesiastés, con todo y sus abundantes contradicciones, “Para los vivos aún hay esperanza, pues vale más perro vivo que león muerto… “ (Eclesiastés 9:4).

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Acerca de famorac

Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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5 respuestas a Reflexiones en mi cumpleaños número sesenta

  1. Ninoska Viloria dijo:

    Fernando, Felices 60’s !!!
    Dios sana esta tierra, y si Tu quieres ayúdanos a ver lo que estás haciendo.
    NV.

  2. Javier Menéndez dijo:

    Gracias por el artículo Fernando! Feliz cumpleaños para ti! Nosotros acá orando por ustedes y tantos otros preciosos amigos de tu bello país que hemos encontrado en nuestro caminar. Un abrazo para ti y Nora.

  3. Alfredo Romero dijo:

    Mi querido y recordado Amigo, en Primer Lugar ¡¡¡¿Feliz Cumpleaños!! espero que comieras rico en todo ese día, que te consintieran … En segundo Lugar, mi pena es compartida con tigo, porque veo que las situaciones en toda América Latina casi son similares, los gobernantes nuestros nos están matando la esperanza y la ilusión de seguir viviendo en el país que amamos, pero creo que Dios nos pone trabas para que no lo abandonemos, por los que no tienen la fuerza espiritual que nosotros tenemos y somos los que animamos o impulsamos a estos “pa delante”. Dios generalmente nos pone en donde no queremos estar con la gente que no queremos estar por sus propósitos…. esa es la historia de mi vida…. saludos y bendiciones.

  4. Agustín Martucci Graterol dijo:

    Estimado Fernando..!! Leí con detenimiento tu artículo compartiendo cada frase y cada análisis con la misma nostalgia, pero colmado de esa fuerza que le ponemos a nuestras conversaciones que a pesar de no ser frecuentes, siempre reflejan una inquietud permanente ante nuestra realidad..cierta impotencia por no poder ser más proactivos pero sin perder la esperanza de ver a nuestro pais diferente..! Tal parece que estuviéramos hundidos en una piscina de lodos, hasta la cintura..con muchisima dificultad para desplazarnos pero con medio cuerpo afuera..libre y con fuerzas y energía para avanzar..! Confío en esa juventud que le tocó vivir esta época ( tus hijos, mis hijos, tus nietos..! ) no se divisa un horizonte claro pero ellos visualizan el arco iris al final del camino..estos muchachos tienen tan pocos bienes materiales, tan pocas cosas..pero lo dan todo y se entregan en su lucha..! El paradigma de los “años dorados”..tiene que cambiarse por el brillo de los Proyectos que ellos les toca liderizar y nos toca seguir apuntalando y trabajando hombro a hombro..para construir un Mundo Mejor..!! Se les aprecia muchisimo..! Agustín y Norita

  5. Fernando, Felicidades!, aunque no te conozco, veo que somos contemporáneos y vivimos las mismas ilusiones de un País, en el que había una visión de Progreso y Futuro, con un hambre de hacer las cosas para desarrollarnos y aplicar el desarrollo que se visiono y planifico. Eso hoy y desde hace unos 3 lustros se perdió, por unos objetivos personalistas innobles para Venezuela.

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