La batalla de l@s victorin@s

Creo que la novela “Cuando quiero llorar no lloro” debe haber sido la primera obra de Miguel Otero Silva que no tuve que leer obligado. Su lectura me resultó impactante sobre todo porque me hablaba de un país que como bisoño estudiante universitario apenas comenzaba a conocer por mi mismo. Los personajes de la historia deberían tener hoy 65 años pues habrían nacido el ocho de noviembre de 1948. Sin embargo, sus vidas se truncan a la temprana edad de 18 años, en la Venezuela de 1966, cuando yo estaba en segundo año de bachillerato. La novela relata desde los ojos del autor una parte de la historia de nuestro país llena de incertidumbre, conflictos políticos, desigualdades y sobre todo de violencia. Tristemente los tres personajes, llamados cada uno Victorino, pero de apellidos Peralta, Perdomo y Pérez, para diferenciar sus orígenes sociales (rico, clase media y pobre), terminan muriendo el mismo día en situaciones violentas diversas. Lo cual se constituye en una gran metáfora acerca de un país donde ninguna clase social escapaba de los conflictos y cuyos jóvenes, especialmente varones, estaban siendo ofrecidos tempranamente en el altar de los sacrificios, quedando sus madres llorando esas vidas malgastadas.

Uno de estos días de tanta agitación caminaba con Nora por La Rosaleda, una urbanización habitada fundamentalmente por familias de militares, y nos encontramos con un espectáculo inesperado para la zona. Jóvenes del lugar con las caras tapadas y armados con palos y botellas de gasolina, habían construido una barricada impresionante, con camiones, carros y busetas chatarra y restos de máquinas de construcción que encontraron en el lugar. Nos quedamos mirando un rato la labor febril de construcción de la barricada y al resto de los habitantes que venían de sus labores normales teniendo que irse a pie por la empinada subida, tratando de entender por qué esta protesta había tomado semejante curso.

Escuchamos algunas conversaciones y los muchachos se referían con temor y a la vez con rabia acerca de los grupos que se habían congregado en la entrada de la urbanización como a 300 metros de distancia, los cuales, a su parecer, eran guardias nacionales y motorizados civiles armados. Uno podía percibir el ambiente tenso y cargado de violencia, el largo proceso de pugnacidad abierta y de ofensas verbales se había trasladado a la lucha en las calles, donde las heridas son físicas y pueden llevar a la muerte como lamentablemente lo hemos presenciado en estas últimas tres semanas.

collage

Mirando a estos jóvenes fue cuando comenzó a darme vueltas por la cabeza la obra de Otero Silva. Me preguntaba, ¿Cómo este habilidoso autor hubiese escrito esa novela en los momentos actuales? Mientras caminaba en silencio, me imaginé que l@s Victorin@s ya no podrían ser solo tres pues, hoy por hoy, no podríamos hacer una disección tan fina entre las diferentes clases sociales que componen el país y los actores juveniles de este mes de batallas que hemos vivido, sean estudiantes soldados, colectivos provienen de todas esa fragmentación social que vivimos. Que no tendrían porque ser únicamente varones pues esta cultura de la violencia que estamos viviendo es inclusiva y no diferencia entre géneros, ya que vemos a las muchachas de cualquiera de los bandos tan agresivas como los varones. Que habrían nacido después del 27 de febrero de 1989 como fecha significativa que marca un cambio en la vida y rumbo del país. En otras palabras, una cohorte cuyas edades van de los 16 a los 25 años en promedio aproximadamente.

Pero, lo más trágico de todos estos pensamientos, es que en mi recreación mental de esta novela, no cesaba de pensar que a diferencia de los protagonistas originales, los de esta versión, miembros de la cohorte del caracazo, terminarían matándose despiadadamente  los unos a los otros. Ese último aspecto fue el pensamiento que me acompañó el resto del recorrido y me produjo un gran pesar. ¿Cómo vivir con semejante carga y dolor por lo que estamos presenciando en nuestro país? ¿Cómo permitir el sacrificio de nuestras cohortes juveniles en refriegas violentas, como carne de cañón, víctimas de esta cultura de violencia que se instaló en nuestra nación?

Hoy, lamentablemente,  tenemos que expresarnos con palabras parecidas a las del profeta Jeremías:

¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa!…. Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas corren por sus mejillas……..Las calles de las ciudades de Venezuela tienen luto,……(Lamentaciones 1:1, 2, 4)

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Acerca de famorac

Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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Una respuesta a La batalla de l@s victorin@s

  1. Alexandra dijo:

    Guao tío, no lo había leído sino hasta hoy. Excelente el paralelismo con la obra. La violencia es quizás la tragedia más marcada de nuestra vida como República, Colonia y territorio libre – para referirnos al pre-colonial-. La gran pregunta es, cuando entenderemos y transformaremos esa carga negativa en una positiva?

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