¡Desastre en Belo Horizonte!

Como muchos venezolanos me hice fanático de las copas del mundo de fútbol después de aquél campeonato extraordinario de México 70. Antes de eso solo tengo unos vagos recuerdos de Eusebio y sus goles tras escuchar por radio unos minutos de los juegos de Portugal en la copa de 1966. Nunca jugué fútbol en ninguna de sus versiones, nunca he sido hincha de ningún equipo local y solo asistí a los juegos del equipo de la USB cuando íbamos a los JUVINES. Pero cada vez que viene una copa del mundo me convierto en un ávido fanático del fútbol y me apasionan los detalles del juego dentro y fuera de la cancha. Igualmente, como muchos venezolanos, también estoy a favor de Brasil, salvo en este torneo en el que me cambié a Colombia.

Así que pueden imaginarse qué estaba haciendo este martes en la tarde. Vi los minutos iniciales del juego y decidí apurar un poco más el trabajo que estaba haciendo para poder sentarme y concentrarme en un juego que esperaba sería intensamente disputado. El primer gol a los 12 minutos me preocupó solo porque ya habíamos visto juegos ganados en este mundial con goles tempraneros. Pero la cosa se puso fea cuando vinieron dos goles más, y luego dos más para llegar a 5-0 en menos de media hora de juego. Aunque Brasil no había sido mi equipo en este torneo, además que no me gustaba su estilo de juego, ni siquiera me atraían sus jugadores claves como Neymar, Oscar, Alves o Thiago, quedé completamente estupefacto, viendo a un equipo Alemán que movía la bola y tocaba, como si ellos fueran los inventores del jogo bonito (según el slogan que adoptaron para este mundial: “Vocês nem imaginam o quanto de Brasil existe dentro de nós!“). Como lo dice Fernando Mires, quizás no es jogo bonito brasileño o el antiguo fútbol mecánico alemán, sino un mejor fútbol que está surgiendo, más integral, más completo, y los alemanes junto con otros equipos se atrevieron a probarlo en este campeonato.DFB-Team

Pensando en mis amigos brasileños, me abatió un pensamiento extraño, trágico, triste, que por un momento me hizo sentir ganas de llorar. Era como ver un juego de entrenamiento entre un equipo de una liga europea contra el de una escuela de fútbol. Reminiscencias de cuando la selección de Venezuela (antes de ser Vino Tinto) se las veía con Brasil y perdía 10-0 pasaron por mi mente. O de cuando la selección de baloncesto de República Dominicana nos sacó 60 puntos de ventaja al equipo de la USB  en un juego amistoso en Santo Domingo, por allá hace cuarenta años. Son cosas de la vergüenza deportiva, de la humillación que se siente cuando el rival es demasiado poderoso, de cuando las expectativas son aplastadas sin misericordia.

Sin embargo, mis sentimientos en aquél momento no se referían a la paliza como hecho en si mismo. Una derrota de esa magnitud siempre es dolorosa. Mi confusión obedecía a otras cosas que no lograba entender. Algo más profundo. Más difícil de explicar. Por eso he pasado los últimos dos días, incluyendo un lapso de espera de unas 12 horas en un aeropuerto tratando de darle sentido a esta escena de nuestra cultura contemporánea que los amantes del fútbol no podremos olvidar tan fácilmente.

En primer lugar, muchas de esas derrotas catastróficas a las que hice referencia, o juegos de práctica donde hay una superioridad notable entre un rival y el otro, son generalmente bastante poco notorias, anónimas si se quiere. El sentimiento de impotencia o de frustración queda reservado a los jugadores y a los pocos asistentes a los estadios. Sin embargo, estábamos ante un evento con testigos en todas partes del mundo, no sólo en el estadio. Claro, la televisión nos mostró las imágenes. Pero las redes sociales las multiplicaron y escalaron a niveles impensables en ningún evento deportivo anterior a éste. Durante el juego se emitieron más de 36,4 millones de tweets, 12 millones más que en el último Superbowl. Cuando Sami Khedira marcó el quinto gol se produjeron 580000 tweets por minuto (ver este mapa dinámico de tweets durante el juego, ponga atención a los instantes donde se produjeron los goles). En ese momento las redes sociales explotaban con dolor, tristeza, llanto, pero con muchísima ironía, sorna, burla también.

bragertwitt

El equipo del país anfitrión, a la vista de millones de personas en todo el mundo, era salvajemente demolido y sometido al escarnio mundial por uno que se veía infinitamente superior. Pero esto que se dice fácilmente en tres líneas, tiene unas implicaciones que en este momento son difíciles de evaluar. Por un lado, si los brasileños nunca olvidaron la derrota con Uruguay en 1950, y no perdonaron al portero Barbosa, ¿qué pasará con estos once jugadores y sus cuatro técnicos? Por el otro, el simbolismo de la derrota tiene unas connotaciones culturales muy profundas. Es como si la idolatría al fútbol que había caracterizado al Brasil quedaba expuesta para ser derribada a los ojos de todos sus adoradores.

En segundo lugar, comencé a pensar que realmente el equipo había llegado a este punto digamos que mediocremente y con muchísima suerte. Ciertamente carecía de dos jugadores fundamentales pero, ¡vamos!, es impensable que en el país con la mayor cantidad de futbolistas en el mundo, no hubiese jugadores en el banco que pudiesen reemplazarlos. Casualmente días antes del juego, había escuchado a un comentarista hispano decir que el árbitro del juego Brasil-Colombia al no sacarle la roja directa a Julio César, había logrado no desarticular completamente la columna vertebral del equipo formada por estos tres jugadores. Ya desde el comienzo se veían las fallas del equipo y quizás desde mucho antes. Supuestamente el fútbol de la selección brasileña se ha tornado en más defensivo y práctico, dejando a un lado el virtuosismo y el toque que lo caracterizaron. Pero, después del primer gol de Alemania, lo que vino fue una cascada de goles, como cuando un edificio o un puente colapsan a raíz de una fractura en sus estructuras. En otras palabras no existió defensa, e incluso quien parecía el nuevo líder del equipo, David Luiz, estaba completamente perdido y cometiendo imprudencias.

Definitivamente, la supuesta ventaja de ser anfitrión no favoreció a Brasil pues no tuvo que jugar la eliminatoria sudamericana, donde todos los problemas que tenían hubieran sido expuestos claramente, y quien sabe si Scolari hubiese continuado siendo su DT. La verdad es que desde la derrota de Brasil en Sudáfrica tuvieron pocas oportunidades reales de probarse como equipo. Ni siquiera aprovecharon la Copa América 2011, quizás pensaron que faltaba mucho para la copa mundial.

Mientras tanto los alemanes continuaron su planificación, desarrollando jugadores, ampliando sus escuelas de talento, y sobre todo, incorporando tecnología para monitoreo fisiológico de los jugadores y para el análisis de las estadísticas y diseño de estrategias usando big data. Hasta una aplicación fue creada para este mundial en la que cada jugador alemán puede analizar su juego usando su teléfono inteligente, estudiar a los rivales y sobre todo mantenerse concentrados en el torneo. Aún más, la federación alemana construyó un sitio de retiro en Bahía para mantener concentrados a los jugadores en un lugar que fue escogido en base a clima, distancias a recorrer, con la playa en frente y facilidades para facilitar la unidad del equipo. Incluso realizó actividades culturales en el pueblo vecino de Santo Andre, recibieron clases de portugués y de cultura brasileña y se mostraron cercanos al pueblo. Los brasileños, por su parte, estuvieron muy distraídos durante todo este tiempo e incluso se dice que perdieron 11 días de entrenamientos en el campo de juego por diversas razones. Aparte de que eran constantemente interrumpidos por diversas celebridades locales y múltiples eventos.

foto-4

En tercer lugar, tenemos que regresar a los medios de comunicación tradicionales y los nuevos medios sociales, pues de alguna manera se habían encargado de inflar las posibilidades de este equipo, cuando tal vez tenía demasiadas debilidades. Después del juego, el blog Fivethirtyeight catalogó el resultado del juego como el “más desastroso” en toda la historia de las copas del mundo. Según ellos, Usando el predictor de resultados del Soccer Power Index (SPI), la probabilidad de que Alemania marcara siete o  más goles era un ínfimo 0.022, es decir de 1/4500. Sin embargo, ellos mismos habían previsto usando esos modelos matemáticos, que la posibilidad de que Alemania derrotara a Brasil era del 35% aún con la ausencia de Neymar y Thiago, y habían mantenido desde el comienzo de la copa que Brasil ganaría el mundial. La predicción de la firma Goldman Sachs, que yo mismo retuitie, también daba a Brasil como favorito. Aunque luego fue corregida una vez que España fue eliminada, siguió dando a Brasil como campeón. Lo que se puede ver es que estos modelos no son suficientes para tomar en cuenta la desconcentración de los jugadores, la ausencia de trabajo en equipo, la calidad de la dirección técnica, los malos árbitros que taparon errores del equipo en juegos previos, el acondicionamiento físico y mental de los jugadores (por ejemplo Fred y Daniel Alves), las lesiones y un contexto de tragedia griega, donde el temor por perder la copa tenía connotaciones políticas y sociales, ejerciendo presiones innecesarias sobre los jugadores.

copaPor último está todo el ambiente de crítica que rodeó a la copa del mundo. Desde la Copa Federaciones en 2013, comenzaron las protestas y solo amainaron unas horas antes de la inauguración del torneo. La derrota del equipo de esa manera me hizo pensar en el tan cacareado éxito brasileño, su despunte como país emergente de rápido desarrollo con un mercado potencial de 200 millones de habitantes, sin contar el resto del Mercosur. Ver a un equipo que era pura cáscara y que al ser presionado simplemente se rompe y deja ver sus grandes vacíos puede ser una metáfora también de un país donde quizás todavía prevalecen la desorganización, indisciplina, viveza (ese jeitinho brasileiro), corrupción y compadrazgo, lo cual hace perdurar la desigualdad y la pobreza. Tal vez este monumental fracaso sirva para reevaluar muchas cosas en la sociedad brasileña. Me sumo a las palabras del teólogo brasileño Leonardo Boff comentando sobre este juego:

Aquí, en este país pluridiverso, con un pueblo hospitalario y fiestero, donde casi nada funciona bien, ni la salud, ni educación, ni el transporte ni seguridad, decíamos que aparte del carnaval, no éramos buenos para casi nada. Pero pensábamos que al menos éramos buenos para el fútbol, deporte que dio a la gente común un sentido de valor, de autoestima. Ahora ya ni siquiera podremos apelar al fútbol. Durante muchos años este siniestro martes 8/7 de  2014, con esos 7 goles de Alemania, nos seguirá como una sombra abominable. Pero esos mismos brasileños que ya sufrieron tantas adversidades sabrán darle vuelta a esto, pues poseen como pocos pueblos una resiliencia histórica.

Anuncios

Acerca de famorac

Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
Esta entrada fue publicada en Actualidad Nacional y etiquetada , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s