Denles ustedes de comer

Mateo 14:13-21

Siguiendo el calendario del leccionario, el pasaje del evangelio que se nos presenta es uno muy conocido: la multiplicación de los peces y panes. Una historia que debe haber sido muy querida por los primeros cristianos pues aparece relatada de varias maneras al menos en seis pasajes diferentes y en los cuatro evangelios.

Generalmente nuestra lectura de este pasaje es muy descontextualizada y enfocada solo en el milagro que ocurre. Quizás la contamos como algo tan lejano y mágico que difícilmente podamos creer que pueda ocurrir en nuestra realidad cotidiana. Sin embargo, el contexto nos muestra aspectos muy humanos y reales, situaciones y estados de ánimo, actitudes y estructuras que encontramos en nuestras sociedades contemporáneas.

Por un lado, la historia comienza con la persona de Jesús. Pero es un Jesús descrito allí como “solo, buscando un paraje despoblado” (14:13), alguien que no se encuentra en las mejores condiciones para enfrentarse con una multitud de personas necesitadas. Emocionalmente está en una situación difícil, viene de dos duros golpes. Por un lado acaba de enterarse de la muerte de Juan Bautista a manos de Herodes de la forma más cínica que se pueda pensar. Pero no solo eso sino que al final del capítulo 13 de Mateo, se nos cuenta cómo había sido rechazado y hasta cierto punto insultado por sus coterráneos en Nazaret, que no podían creer que un carpintero, hijo de María, la muchacha aquella que parió un bebé antes de casarse con José, alguien de las clases sociales inferiores, hasta analfabetas, pudiera expresarse con aquella elocuencia, además de realizar tantos milagros (Mateo 13:55-56). Es en ese momento que Jesús lanza la famosa proclama por todos conocida de que un “profeta es despreciado en su patria y en su casa” (13:57). El resultado es que los milagros no fluyeron allí como en otros lugares para frustración de Jesús y sus seguidores. Así que estos son los antecedentes que influyen en el estado de ánimo de Jesús: el rechazo, el fracaso y el duelo, componentes suficientes para sentirse deprimido y querer apartarse a un lugar desértico.

A pesar de todo, una inmensa multitud de quizás unas 20000 personas lo siguen por la ribera, mientras él en su bote intentaba buscar una ensenada tranquila donde atracar y de allí caminar a un sitio solitario para retirarse a descansar y ver cómo superaba aquella depresión que lo agobiaba. Pero el grupo era demasiado grande, no había logística de ningún tipo, todo era espontáneo. Nada que ver con las campañas evangelísticas actuales que se preparan con antelación y se invierten grandes sumas de dinero para predicar las buenas nuevas de Jesús. Al bajar de la barca, Jesús queda impactado con lo que ve y su única respuesta es actuar compasivamente sanando a los enfermos. No hay forma de saber cuánto tiempo tomó esta acción de parte de Jesús, pero las horas pasaron y llegaron al ocaso del día sin provisiones, sin ningún recurso que pudiera servir para aliviar aquella hambre y sed que comenzaba a desesperar a la multitud y especialmente a los discípulos.

Aquí es donde viene la primera reminiscencia de aquellos días en el desierto justo antes de comenzar su ministerio público (Mateo 6:2-4). La primera tentación tuvo que ver con la comida. Convertir piedras en pan parecía ser una manera segura de ganarse una multitud de seguidores. La petición era artificial y manipulativa, no respondía a las necesidades reales del pueblo. Pero ahora Jesús ve a aquella multitud que tiene grandes carencias. Algunos de ellos llegaron enfermos a aquel lugar de la mano de sus familiares y amigos, ahora están sanos pero debilitados físicamente y lo que es peor, realmente empobrecidos por las condiciones de vida por las que habían pasado hasta aquél momento. Contrasta este momento con los versículos anteriores donde se narra la opulencia y extravagancia de la fiesta de cumpleaños de Herodes. Los poderosos tenían lo que se les ocurriera, así fuera la cabeza de un hombre servida en una bandeja. Los pobres carecían de casa, comida y salud, de ese grupo social es que proviene los 20000 seguidores de Jesús que están allí reunidos. ¡Cuánto parecido con la realidad actual! Élites que acaparan el poder y pueden darse todos los lujos que se les ocurran mientras el pueblo carece de lo más básico para su subsistencia o bien tiene que hacer demasiadas cosas para conseguirlo.

Sin embargo, la reacción de Jesús es sorprendente. No se deja tentar por la vanidad de ser quien le resuelve los problemas a las personas. No es un líder populista buscando la aclamación del pueblo o lograr el poder a cualquier precio. Pero la situación amerita un milagro porque no hay provisiones y ya hay signos de desesperación. El milagro podría ser muy sencillo, como dormir mágicamente el hambre de la gente mientras regresaban a sus casas, o bien llenarles las barrigas milagrosamente, o poner en las manos de cada uno allí presente un plato de sopa y un mendrugo de pan. Casi como convertir piedras en pan y caer en lo que el tentador quería, que usara el poder para ganar adeptos y lograr su gloria por esos medios. No, Jesús quiere que sean sus discípulos los que alimenten a la multitud y por ello les ordena: “denle ustedes de comer” (14:16). Suena ridículo, absurdo, sabiendo que la solución que habían sugerido los discípulos era la de dispersar a la multitud y mandarla a los poblados cercanos a buscar qué comer. Pero Jesús insiste, ¡la solución debe venir de ellos!

loafs and fishPero lo que hay es poquito. Muy poquito. Insignificante. Son cinco panecillos y dos sardinas. Muchísimo menos que los veinte panes de cebada y trigo que Eliseo ordenó repartir a cien hombres (2 Reyes 4: 42-44). Pero el recurso proviene de la gente y los discípulos lo descubrieron. Jesús ora al cielo, da gracias y parte el pan, no hace más nada, ningún teatro, ninguna alusión a su persona, nada que atrajera a aquella gente hacia si mismo (más adelante lo van a abandonar a pesar de estar bien alimentados). Los discípulos son los que trabajan, comenzaron a repartir y alcanzó y sobró. No hubo otra intervención de Jesús, no había necesidad. Los discípulos y la gente allí reunida hicieron lo que hacía falta.

Estamos en Venezuela en una situación difícil. Hay signos de desespero en muchos. Algunas encuestadoras dicen que más del 65% de la población considera que la situación es mala. Cifras similares resultan cuando se inquiere sobre las limitaciones del liderazgo actual para enfrentar la crisis. Quizás algunos políticos asumiendo cierta forma de mesianismo trataron en el pasado de convertir piedras en pan. La verdad es que no es difícil caer en esa tentación. Pero la fórmula tiene su fin y ya no da resultado. La gasolina hay que aumentarla 400%, la harina de maíz pre-cocida no se puede producir a los precios actuales, hay escasez de casi cualquier cosa, no hay insumos para la salud, hay carencias en cualquier sector de la vida nacional. Como iglesia pensamos que un milagro es la solución. Algo que cambie nuestra situación actual y nos saque de la pobreza moral, social, política, económica y espiritual en la que estamos sumidos. En realidad la mayoría de nosotros no queremos enfrentar la solución, preferimos que la gente “vaya a los otros pueblos” a ver qué consiguen. Nuestros jóvenes emigran. Los más viejos buscamos entre nuestros antepasados a ver si conseguimos alguna raíz que nos de una nacionalidad que nos permita trabajar en otro país. El gobierno recurre a los préstamos, sus fórmulas de productividad han fracasado. Los que vivieron a costa de la bonanza del país ahora miran en otras direcciones.

multiplied

 ¿Acaso no hay cinco panecillos y dos peces entre nosotros? Aunque parezca mentira, solo bastaría con eso y con nuestra diligencia para iniciar un cambio. Tenemos que mirar hacia adentro y preguntarnos ¿qué tenemos? ¿qué podemos aportar aunque sea mínimo o insignificante? Como los obedientes discípulos que comenzaron a repartir sin saber si lo que hacían alcanzaría para los más de 20000 reunidos en aquél campo, debemos comenzar desde lo poco que tengamos a producir cambios. Lo demás lo hace Jesús. De la multiplicación se encarga Dios y sobrará para ayudar a otros.

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Acerca de famorac

Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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