Regresando al cristianismo

Las recientes expresiones de Raúl Castro respecto al Papa Francisco y la Iglesia Católica han sorprendido a algunos, ofendido a otros y quizás traído esperanza a muchas personas que esperan ansiosos por los cambios políticos, sociales y económicos en Cuba (Ver por ejemplo el reportaje del Wall Street Journal).

Después de una sorpresiva e inusual visita al Vaticano un día domingo, el menor de los hermanos que han gobernado la isla caribeña desde el 1 de enero de 1959 declaró que:

si el Papa sigue hablando como lo hace, tarde o temprano voy a empezar a rezar de nuevo y volveré a la Iglesia Católica, y no estoy bromeando…

Personalmente las palabras me recordaron las de Herodes Antipas en el libro de Los Hechos de los Apóstoles cuando le confesó a Pablo que casi lo había convencido de ser cristiano. Que solo había faltado muy poco para que ocurriera lo mismo que estaba pasando con muchas personas a su alrededor. A lo cual Pablo astutamente le replicó: Quisiera Dios que, por poco o por mucho, eso ocurriera, no solo con usted, sino con todos los que están escuchando hoy[1]. Intuyo que el Papa Francisco quizás haya leído estas declaraciones del líder cubano y orado en silencio una plegaria como la de Pablo, no solo por la conversión de Raúl, sino de su familia, de Fidel y de muchos de sus seguidores en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador y otros países de Latinoamérica.

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“Tarde o temprano voy a empezar a rezar de nuevo y volveré a la Iglesia Católica”

Imaginémonos por un momento tamaña conversión, la de uno de los hermanos Castro, a sus avanzados ochenta y tantos años. Quizás para algunos suena como una broma o un recurso retórico para describir el encuentro. Ciertos analistas políticos piensan que se trata nada más de tácticas diplomáticas o estratagemas políticas para ganar prestigio[2]. Para otros, son los síntomas de la lenta transformación de un régimen que busca deslastrarse del ateísmo marxista-comunista de herencia soviética, que ahora necesita refrescarse abriéndose a diversas creencias religiosas, y a variadas influencias ideológicas, sociales y económicas. Todo ello entra dentro del ámbito de lo posible, pero no sabremos exactamente su desenlace sino con el paso del tiempo.

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Pequeñas casa-culto florecen por doquier en Cuba

Es verdad que la conversación de Castro fue con el principal jerarca de la iglesia Católica, y que tal vez éste oró por él en algún momento de los cincuenta y cinco minutos que estuvieron juntos. Sin embargo, para nadie es un secreto que el catolicismo no es la única expresión Cristiana de la isla caribeña. Miles de comunidades evangélicas, en su mayoría pentecostales, se multiplican en los campos, bateyes y ciudades de Cuba. Algo ciertamente trascendente, tomando en cuenta que inicialmente la constitución cubana declaró al estado como ateo y prohibió la pertenencia al partido comunista a cualquiera que profesase alguna religión, lo cual implicaba, lógicamente, limitaciones para trabajar o estudiar. Algunos cambios se produjeron con el transcurso de los años, debido a la caída del bloque soviético y a las numerosas presiones internacionales. Para 1991 se eliminó el requisito de ser ateo para ingresar al partido comunista y a la vez se flexibilizaron las reglas para permitir reuniones de iglesias caseras, lo cual se tradujo en una proliferación de las casas-culto, fuera del control central del Concilio de Iglesias protestantes que mantiene claras posiciones pro-gubernamentales.

Algunos analistas e historiadores coinciden en afirmar que la crisis económica provocada por la caída del comunismo en Europa y la pérdida de credibilidad de las ideologías socialistas, provocaron un repunte de las creencias populares en lo sobrenatural, cosa que el gobierno se vio obligado a canalizar y permitir a través de cambios cosméticos en los controles estatales sobre las organizaciones religiosas y la expresión de la espiritualidad privada y pública[3]. Esto condujo al crecimiento de todos los grupos religiosos tanto católicos, evangélicos, afro-caribeños y de otras tendencias. Sin embargo, en el año 2005, debido a la multiplicación de las congregaciones en los hogares (quizás existían cerca de 10000 iglesias caseras), el gobierno apretó las restricciones, imponiendo nuevas normas a las pequeñas iglesias domésticas. Entre otras cosas, se restringieron los lugares, horarios y frecuencias de las reuniones y se exigían listados de los asistentes, prohibiéndose la presencia de extranjeros en los cultos.

A pesar de todas esas dificultades, para el 2011 se estimaban en más de un millón los creyentes activos en las diferentes denominaciones y grupos evangélicos presentes en Cuba, esto es, cerca del 10% de la población[4]. Una cifra difícil de corroborar en un país donde las personas se acostumbraron a esconder sus creencias y pensamientos de la esfera pública dominada por el comunismo[5]. Apenas el pasado mes de marzo, una encuesta realizada entre 1200 cubanos, encargada por Univisión Noticias/Fusion, mostraba que solo el 7% se declaraba protestante o evangélico (5% específicamente evangélico), mientras que 44% se consideraba no-religioso, 27% católico, 13% pertenecía a la Santería, 2% a otras religiones y un 9% no respondió. Si uno observa otras estadísticas los números fluctúan drásticamente, por ejemplo, según la World Christian Database, la cifra de cristianos (entre católicos y evangélicos) podría elevarse al 59% y la de no-religiosos bajaría a solo 23%[6]. Para algunos estudiosos del tema, tales variaciones no sorprenden pues, como señala Goldenziel[7], en sociedades post-comunistas los creyentes pueden resistirse a expresar sus creencias religiosas aún después que sus grupos han sido legalizados, ya que temen ser víctimas de la estigmatización social y el oficial. Por estas razones, los creyentes tenderán a afiliarse con las organizaciones más grandes y mejor establecidas, que les brinden una mayor seguridad, como lo es el caso de la Iglesia Católica en Cuba[8].

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Oficiales cubanos rezan por la salud de Hugo Chávez en la Catedral de La Habana en diciembre de 2012.

A pesar de ello, al igual que en el resto de América Latina, la dinámica de crecimiento está muy presente en las denominaciones y grupos evangélicos de la isla. Durante dos visitas que hice a Cuba en 2002 y 2006, conocí a numerosos cristianos, me reuní con algunos pastores y visité varias iglesias, desde las que poseían permisos otorgados al inicio de la revolución, hasta las que funcionaban, legal o ilegalmente, en casas de familia o en pequeños saloncitos arreglados para recibir a los creyentes.

Una de las noches asistí a un concierto que una iglesia daría en un parque de la zona de Wajay municipio de Boyeros, cercana al aeropuerto internacional de La Habana. Cuando llegamos al evento, éste había sido cancelado por uno de los comités de defensa de la revolución (CDR) y se había tenido que mudar al local de la iglesia unas calles más allá, con el resultado que ahora mucha más gente abarrotó el edificio, con personas, entre feligreses y curiosos, que llenaban los espacios, las escaleras, la azotea, incluso extendiéndose hasta ocupar las aceras y la calle.

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Un pequeño salón acomodado para recibir a una iglesia doméstica en el pueblo de El Carril (Pinar del Río)

También visitamos varias congregaciones en varios pueblos de Pinar del Río, en Villa Clara y en los alrededores de La Habana. Eran grupos pequeños, pero fervorosos, ubicados en lugares humildes y con pocos recursos, pero que se reunían con bastante frecuencia. Los miembros correspondían a la demografía de la isla, jóvenes nacidos y formados dentro de la revolución, con un alto nivel educativo[9], suficientemente informados acerca de lo que pasa en el resto del mundo a pesar de las limitaciones para el acceso a Internet, con gustos culturales contemporáneos, especialmente en cuanto a la música, el arte y el deporte, pero que frustrados con la situación del país, buscan en la iglesia cristiana lo que el ateísmo con que se inició la revolución no le pudo ofrecer a la generación de sus padres.

En relación a lo que estos jóvenes buscan a través de la espiritualidad evangélica que comienza con la conversión a Cristo, resultando en la expansión del cristianismo en Cuba, es interesante considerar la observación que hace Goldenziel respecto al hecho de que los cubanos, en su gran mayoría, no están regresando principalmente al catolicismo, la religión de sus antecesores, pues:

…pareciera que a través de la búsqueda de nuevas expresiones religiosas, estuvieran usando la religión como una oportunidad para ejercer su libertad de expresión. En cierto sentido, la religión es percibida como un vehículo para facilitar la libertad de expresión democrática en Cuba…. El mercado de la ideas religiosas se encuentra abierto, y los cubanos están descubriendo en este campo las oportunidades y bondades de la libertad de elección…[10]

Pero, la encuesta Univisión Noticias/Fusion también encontró que el actual Papa Francisco es visto positivamente por el 80% de los cubanos, entre los cuales se incluye, como hemos podido ver, también a Raúl Castro. En la misma tónica, el estudio citado indica que el 70% tienen una buena opinión acerca de la Iglesia Católica en la isla. Sin embargo, esto no parece ser suficiente para atraer una gran cantidad de creyentes a las misas en los pocos templos disponibles, capillas improvisadas, lugares al aire libre y unas 2300 casas de misión ubicadas en zonas rurales[11]. Como ya se mencionó, re-convertir a Cuba al cristianismo no significa necesariamente una adherencia inmediata a la Iglesia Católica. Por el contrario, la competencia religiosa es fuerte y a pesar de la popularidad del Papa Francisco y de la posible reconversión de Raúl Castro, las iglesias pentecostales tienen un camino adelantado.

Apenas el año pasado los obispos católicos adoptaron el plan misionero “Por el camino de Emaús” para el período 2014-2020 en el cual se comprometen a trabajar para animar la dimensión misionera de todos los cristianos, promover la espiritualidad misionera, anunciar el evangelio en todos los espacios, dentro y fuera de las iglesias, aprovechar los grandes eventos y campañas de evangelización, incluyendo las celebraciones religiosas populares, todo esto con el fin de motivar constantemente a todos los católicos “a salir al encuentro de los alejados a fin de invitarlos a volver a la iglesia”[12]. Concluyen los obispos cubanos con la declaración de que “la conversión a Jesucristo es nuestra única esperanza” y toman como base el texto de Mateo 4:17 en el que Jesús exhorta quienes lo oyen a transformar su vida, arrepentirse o convertirse porque el “reino de Dios se ha acercado”. Este llamado a la conversión es, primero hacia los religiosos, pero también a todos los laicos y comunidades, y ella se constituye en la base para una iglesia misionera que, en palabras del Papa Francisco, “sale a la calle”, dejando la comodidad y el anonimato.

Supper-at-Emmaus_Joe_Forkan

“Prefiero una iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle antes que una iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a sus propias seguridades” (Francisco: EvangeliiGaudium). El uso de la narrativa del camino de Emaús como una metáfora de una iglesia golpeada que aún no ha creído plenamente en la resurrección y que necesita una encuentro con el Maestro, es altamente sugestiva acerca de la situación actual de la iglesia Católica en Cuba. (Cuadro “Supper at Emmaus” por Joe Forkan, http://joeforkanblog.com/)

El llamado hacia la misionalidad de creyentes y congregaciones católicas que hacen los obispos de Cuba coincide con la naturaleza misionera de los grupos evangélicos de la isla como las Asambleas de Dios, la Convención Bautista y otras denominaciones que están experimentando crecimiento numérico. Pareciera inevitable que estos enfoques misionales van a estar íntimamente ligados en los años sucesivos, sea por contraposición o por colaboración.

Recientemente estuve leyendo un libro fascinante escrito por Todd Hartch y titulado The rebirth of Latin American Christianity (El renacimiento del cristianismo latinoamericano)[13] en el cual el autor hace un recorrido de sesenta años (1950-2010) de historia del cristianismo en América Latina. La hipótesis central del investigador es que dondequiera que las iglesias evangélicas han realizado esfuerzos misioneros para convertir a la población al evangelio, allí mismo el catolicismo se ha despertado, apropiándose de las mismas metodologías usadas por los evangélicos para reducir el nominalismo y motivar a sus miembros a ser más proactivos en su vivencia de la fe. Hartch expresa su hipótesis de la siguiente manera:

El protestantismo no sólo ha provocado que el campo religioso (latinoamericano) sea más diverso y más competitivo; sino que también ha servido como catalizador para la revitalización del catolicismo [14]

            El resultado de la combinación de estos esfuerzos ha sido el renacimiento o revitalización del cristianismo, sea a través de las iglesias pentecostales y de comunidades eclesiales de base en miles de favelas y barrios del continente, grupos de la renovación carismática en parroquias urbanas y rurales, plantación de iglesias evangélicas en sectores de la clase media, uso de la radio y la televisión, acción social de diferentes tipos, surgimiento de grupos evangélicos autóctonos aún entre etnias indígenas, el desarrollo de nuevos movimientos católicos eclesiales entre profesionales e intelectuales, el envío de misioneros pentecostales a otras partes del mundo y muchas otras expresiones tanto protestantes como católicas.

Usando a Vargas Llosa como ejemplo, Hartch hace la aguda observación de cómo este renacimiento del cristianismo ha pasado desapercibido para las élites intelectuales y académicas de la región. Esta invisibilidad de la revitalización cristiana se manifiesta en el hecho de que hoy por hoy, con una iglesia protestante con una membresía tremendamente activa en todos los frentes y una iglesia católica que ha traspasado el fantasma del nominalismo, provocando la activación de su laicado en todos los niveles socioeconómicos, América Latina es más cristiana que sesenta años atrás.

Todo lo expresado me puso a pensar en una posible significación simbólica de este encuentro de Raúl Castro con el Papa Francisco. Veo en ello, tal vez una especie de metáfora de una realidad continental que lleva más de sesenta dramáticos años en pleno desarrollo, aunque quizás resulte invisible, incluso intelectualmente repugnante, hay un retorno a la creencia en lo sobrenatural, una renovación espiritual que ha afirmado la cosmovisión cristiana en diversas expresiones a lo largo y ancho del continente. Una realidad que el deseo de Castro de querer “volver a la iglesia” no hacen sino confirmarme que la transformación latinoamericana más significativa se viene produciendo por la vía de la conversión a Cristo, y no por la revolución o las ideologías de izquierda y mucho menos por la secularización y prosperidad capitalista.


[1] Paráfrasis de Hechos 26:28-29

[2] Goldenziel, J. (2009).Sanctioning Faith: Religion, State, and U.S.-Cuban Relations. Journal of law and politics. Vol 25:179-208. Ultima visita 18 de mayo, 2015. http://scholar.harvard.edu/files/jill/files/goldenziel_sanctioning_faith_2009_1_1.pdf

[3] Goldenziel(2009) también señala que esta apertura tenía tras de si intereses económicos pues ella permitía que grupos religiosos de ayuda humanitaria enviasen fondos a sus contrapartes en la isla, así como la realización de visitas de equipos y en otros casos para turismo religioso.

[4] Nelson, K. And Garret, B. (2011). A church planting movement in Cuba? Church planting Movements. March-April Issue.

[5] La misma encuesta que cito más adelante encontró que el 75% de los 1200 encuestados piensa que “es mejor tener cuidado con lo que se dice en público”.

[6] http://www.pewforum.org/2012/12/18/table-religious-composition-by-country-in-percentages/

[7] Goldenziel (2009). Ibid.

[8] Sin embargo, en el documento de los obispos cubanos que cito más adelante, se señala que solo el 2% de la población cubana, algo así como 200000 personas, asisten regularmente a misa y otros ritos católicos.

[9] En algunas de ellas se congregaban médicos que en algún momento habían estado o vendrían a Venezuela dentro de la Misión Barrio Adentro.

[10] Goldenziel (2009). Ibid. Pág. 195-196.

[11] Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (2014). Por el camino de Emaús: Plan pastoral de la Iglesia Católica en Cuba 2014-2020. Última visita 20 de mayo, 2015. http://www.fides.org/spa/attachments/view/file/plan_pastoral_cuba_2014-2020.pdf

[12] Ibid. Parágrafo 85.

[13] Hartch, Todd (2014). The rebirth of Latin American Christianity. Oxford Studies in World Christianity. Oxford (Reino Unido): Oxford University Press.

[14] Hartch (2014). Ibid. Pág. 18

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Motivado por la misión de la comunidad cristiana en el mundo contemporáneo.
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