Regresando al cristianismo

Las recientes expresiones de Raúl Castro respecto al Papa Francisco y la Iglesia Católica han sorprendido a algunos, ofendido a otros y quizás traído esperanza a muchas personas que esperan ansiosos por los cambios políticos, sociales y económicos en Cuba (Ver por ejemplo el reportaje del Wall Street Journal).

Después de una sorpresiva e inusual visita al Vaticano un día domingo, el menor de los hermanos que han gobernado la isla caribeña desde el 1 de enero de 1959 declaró que:

si el Papa sigue hablando como lo hace, tarde o temprano voy a empezar a rezar de nuevo y volveré a la Iglesia Católica, y no estoy bromeando…

Personalmente las palabras me recordaron las de Herodes Antipas en el libro de Los Hechos de los Apóstoles cuando le confesó a Pablo que casi lo había convencido de ser cristiano. Que solo había faltado muy poco para que ocurriera lo mismo que estaba pasando con muchas personas a su alrededor. A lo cual Pablo astutamente le replicó: Quisiera Dios que, por poco o por mucho, eso ocurriera, no solo con usted, sino con todos los que están escuchando hoy[1]. Intuyo que el Papa Francisco quizás haya leído estas declaraciones del líder cubano y orado en silencio una plegaria como la de Pablo, no solo por la conversión de Raúl, sino de su familia, de Fidel y de muchos de sus seguidores en Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia, Ecuador y otros países de Latinoamérica.

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“Tarde o temprano voy a empezar a rezar de nuevo y volveré a la Iglesia Católica”

Imaginémonos por un momento tamaña conversión, la de uno de los hermanos Castro, a sus avanzados ochenta y tantos años. Quizás para algunos suena como una broma o un recurso retórico para describir el encuentro. Ciertos analistas políticos piensan que se trata nada más de tácticas diplomáticas o estratagemas políticas para ganar prestigio[2]. Para otros, son los síntomas de la lenta transformación de un régimen que busca deslastrarse del ateísmo marxista-comunista de herencia soviética, que ahora necesita refrescarse abriéndose a diversas creencias religiosas, y a variadas influencias ideológicas, sociales y económicas. Todo ello entra dentro del ámbito de lo posible, pero no sabremos exactamente su desenlace sino con el paso del tiempo.

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Pequeñas casa-culto florecen por doquier en Cuba

Es verdad que la conversación de Castro fue con el principal jerarca de la iglesia Católica, y que tal vez éste oró por él en algún momento de los cincuenta y cinco minutos que estuvieron juntos. Sin embargo, para nadie es un secreto que el catolicismo no es la única expresión Cristiana de la isla caribeña. Miles de comunidades evangélicas, en su mayoría pentecostales, se multiplican en los campos, bateyes y ciudades de Cuba. Algo ciertamente trascendente, tomando en cuenta que inicialmente la constitución cubana declaró al estado como ateo y prohibió la pertenencia al partido comunista a cualquiera que profesase alguna religión, lo cual implicaba, lógicamente, limitaciones para trabajar o estudiar. Algunos cambios se produjeron con el transcurso de los años, debido a la caída del bloque soviético y a las numerosas presiones internacionales. Para 1991 se eliminó el requisito de ser ateo para ingresar al partido comunista y a la vez se flexibilizaron las reglas para permitir reuniones de iglesias caseras, lo cual se tradujo en una proliferación de las casas-culto, fuera del control central del Concilio de Iglesias protestantes que mantiene claras posiciones pro-gubernamentales.

Algunos analistas e historiadores coinciden en afirmar que la crisis económica provocada por la caída del comunismo en Europa y la pérdida de credibilidad de las ideologías socialistas, provocaron un repunte de las creencias populares en lo sobrenatural, cosa que el gobierno se vio obligado a canalizar y permitir a través de cambios cosméticos en los controles estatales sobre las organizaciones religiosas y la expresión de la espiritualidad privada y pública[3]. Esto condujo al crecimiento de todos los grupos religiosos tanto católicos, evangélicos, afro-caribeños y de otras tendencias. Sin embargo, en el año 2005, debido a la multiplicación de las congregaciones en los hogares (quizás existían cerca de 10000 iglesias caseras), el gobierno apretó las restricciones, imponiendo nuevas normas a las pequeñas iglesias domésticas. Entre otras cosas, se restringieron los lugares, horarios y frecuencias de las reuniones y se exigían listados de los asistentes, prohibiéndose la presencia de extranjeros en los cultos.

A pesar de todas esas dificultades, para el 2011 se estimaban en más de un millón los creyentes activos en las diferentes denominaciones y grupos evangélicos presentes en Cuba, esto es, cerca del 10% de la población[4]. Una cifra difícil de corroborar en un país donde las personas se acostumbraron a esconder sus creencias y pensamientos de la esfera pública dominada por el comunismo[5]. Apenas el pasado mes de marzo, una encuesta realizada entre 1200 cubanos, encargada por Univisión Noticias/Fusion, mostraba que solo el 7% se declaraba protestante o evangélico (5% específicamente evangélico), mientras que 44% se consideraba no-religioso, 27% católico, 13% pertenecía a la Santería, 2% a otras religiones y un 9% no respondió. Si uno observa otras estadísticas los números fluctúan drásticamente, por ejemplo, según la World Christian Database, la cifra de cristianos (entre católicos y evangélicos) podría elevarse al 59% y la de no-religiosos bajaría a solo 23%[6]. Para algunos estudiosos del tema, tales variaciones no sorprenden pues, como señala Goldenziel[7], en sociedades post-comunistas los creyentes pueden resistirse a expresar sus creencias religiosas aún después que sus grupos han sido legalizados, ya que temen ser víctimas de la estigmatización social y el oficial. Por estas razones, los creyentes tenderán a afiliarse con las organizaciones más grandes y mejor establecidas, que les brinden una mayor seguridad, como lo es el caso de la Iglesia Católica en Cuba[8].

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Oficiales cubanos rezan por la salud de Hugo Chávez en la Catedral de La Habana en diciembre de 2012.

A pesar de ello, al igual que en el resto de América Latina, la dinámica de crecimiento está muy presente en las denominaciones y grupos evangélicos de la isla. Durante dos visitas que hice a Cuba en 2002 y 2006, conocí a numerosos cristianos, me reuní con algunos pastores y visité varias iglesias, desde las que poseían permisos otorgados al inicio de la revolución, hasta las que funcionaban, legal o ilegalmente, en casas de familia o en pequeños saloncitos arreglados para recibir a los creyentes.

Una de las noches asistí a un concierto que una iglesia daría en un parque de la zona de Wajay municipio de Boyeros, cercana al aeropuerto internacional de La Habana. Cuando llegamos al evento, éste había sido cancelado por uno de los comités de defensa de la revolución (CDR) y se había tenido que mudar al local de la iglesia unas calles más allá, con el resultado que ahora mucha más gente abarrotó el edificio, con personas, entre feligreses y curiosos, que llenaban los espacios, las escaleras, la azotea, incluso extendiéndose hasta ocupar las aceras y la calle.

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Un pequeño salón acomodado para recibir a una iglesia doméstica en el pueblo de El Carril (Pinar del Río)

También visitamos varias congregaciones en varios pueblos de Pinar del Río, en Villa Clara y en los alrededores de La Habana. Eran grupos pequeños, pero fervorosos, ubicados en lugares humildes y con pocos recursos, pero que se reunían con bastante frecuencia. Los miembros correspondían a la demografía de la isla, jóvenes nacidos y formados dentro de la revolución, con un alto nivel educativo[9], suficientemente informados acerca de lo que pasa en el resto del mundo a pesar de las limitaciones para el acceso a Internet, con gustos culturales contemporáneos, especialmente en cuanto a la música, el arte y el deporte, pero que frustrados con la situación del país, buscan en la iglesia cristiana lo que el ateísmo con que se inició la revolución no le pudo ofrecer a la generación de sus padres.

En relación a lo que estos jóvenes buscan a través de la espiritualidad evangélica que comienza con la conversión a Cristo, resultando en la expansión del cristianismo en Cuba, es interesante considerar la observación que hace Goldenziel respecto al hecho de que los cubanos, en su gran mayoría, no están regresando principalmente al catolicismo, la religión de sus antecesores, pues:

…pareciera que a través de la búsqueda de nuevas expresiones religiosas, estuvieran usando la religión como una oportunidad para ejercer su libertad de expresión. En cierto sentido, la religión es percibida como un vehículo para facilitar la libertad de expresión democrática en Cuba…. El mercado de la ideas religiosas se encuentra abierto, y los cubanos están descubriendo en este campo las oportunidades y bondades de la libertad de elección…[10]

Pero, la encuesta Univisión Noticias/Fusion también encontró que el actual Papa Francisco es visto positivamente por el 80% de los cubanos, entre los cuales se incluye, como hemos podido ver, también a Raúl Castro. En la misma tónica, el estudio citado indica que el 70% tienen una buena opinión acerca de la Iglesia Católica en la isla. Sin embargo, esto no parece ser suficiente para atraer una gran cantidad de creyentes a las misas en los pocos templos disponibles, capillas improvisadas, lugares al aire libre y unas 2300 casas de misión ubicadas en zonas rurales[11]. Como ya se mencionó, re-convertir a Cuba al cristianismo no significa necesariamente una adherencia inmediata a la Iglesia Católica. Por el contrario, la competencia religiosa es fuerte y a pesar de la popularidad del Papa Francisco y de la posible reconversión de Raúl Castro, las iglesias pentecostales tienen un camino adelantado.

Apenas el año pasado los obispos católicos adoptaron el plan misionero “Por el camino de Emaús” para el período 2014-2020 en el cual se comprometen a trabajar para animar la dimensión misionera de todos los cristianos, promover la espiritualidad misionera, anunciar el evangelio en todos los espacios, dentro y fuera de las iglesias, aprovechar los grandes eventos y campañas de evangelización, incluyendo las celebraciones religiosas populares, todo esto con el fin de motivar constantemente a todos los católicos “a salir al encuentro de los alejados a fin de invitarlos a volver a la iglesia”[12]. Concluyen los obispos cubanos con la declaración de que “la conversión a Jesucristo es nuestra única esperanza” y toman como base el texto de Mateo 4:17 en el que Jesús exhorta quienes lo oyen a transformar su vida, arrepentirse o convertirse porque el “reino de Dios se ha acercado”. Este llamado a la conversión es, primero hacia los religiosos, pero también a todos los laicos y comunidades, y ella se constituye en la base para una iglesia misionera que, en palabras del Papa Francisco, “sale a la calle”, dejando la comodidad y el anonimato.

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“Prefiero una iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle antes que una iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a sus propias seguridades” (Francisco: EvangeliiGaudium). El uso de la narrativa del camino de Emaús como una metáfora de una iglesia golpeada que aún no ha creído plenamente en la resurrección y que necesita una encuentro con el Maestro, es altamente sugestiva acerca de la situación actual de la iglesia Católica en Cuba. (Cuadro “Supper at Emmaus” por Joe Forkan, http://joeforkanblog.com/)

El llamado hacia la misionalidad de creyentes y congregaciones católicas que hacen los obispos de Cuba coincide con la naturaleza misionera de los grupos evangélicos de la isla como las Asambleas de Dios, la Convención Bautista y otras denominaciones que están experimentando crecimiento numérico. Pareciera inevitable que estos enfoques misionales van a estar íntimamente ligados en los años sucesivos, sea por contraposición o por colaboración.

Recientemente estuve leyendo un libro fascinante escrito por Todd Hartch y titulado The rebirth of Latin American Christianity (El renacimiento del cristianismo latinoamericano)[13] en el cual el autor hace un recorrido de sesenta años (1950-2010) de historia del cristianismo en América Latina. La hipótesis central del investigador es que dondequiera que las iglesias evangélicas han realizado esfuerzos misioneros para convertir a la población al evangelio, allí mismo el catolicismo se ha despertado, apropiándose de las mismas metodologías usadas por los evangélicos para reducir el nominalismo y motivar a sus miembros a ser más proactivos en su vivencia de la fe. Hartch expresa su hipótesis de la siguiente manera:

El protestantismo no sólo ha provocado que el campo religioso (latinoamericano) sea más diverso y más competitivo; sino que también ha servido como catalizador para la revitalización del catolicismo [14]

            El resultado de la combinación de estos esfuerzos ha sido el renacimiento o revitalización del cristianismo, sea a través de las iglesias pentecostales y de comunidades eclesiales de base en miles de favelas y barrios del continente, grupos de la renovación carismática en parroquias urbanas y rurales, plantación de iglesias evangélicas en sectores de la clase media, uso de la radio y la televisión, acción social de diferentes tipos, surgimiento de grupos evangélicos autóctonos aún entre etnias indígenas, el desarrollo de nuevos movimientos católicos eclesiales entre profesionales e intelectuales, el envío de misioneros pentecostales a otras partes del mundo y muchas otras expresiones tanto protestantes como católicas.

Usando a Vargas Llosa como ejemplo, Hartch hace la aguda observación de cómo este renacimiento del cristianismo ha pasado desapercibido para las élites intelectuales y académicas de la región. Esta invisibilidad de la revitalización cristiana se manifiesta en el hecho de que hoy por hoy, con una iglesia protestante con una membresía tremendamente activa en todos los frentes y una iglesia católica que ha traspasado el fantasma del nominalismo, provocando la activación de su laicado en todos los niveles socioeconómicos, América Latina es más cristiana que sesenta años atrás.

Todo lo expresado me puso a pensar en una posible significación simbólica de este encuentro de Raúl Castro con el Papa Francisco. Veo en ello, tal vez una especie de metáfora de una realidad continental que lleva más de sesenta dramáticos años en pleno desarrollo, aunque quizás resulte invisible, incluso intelectualmente repugnante, hay un retorno a la creencia en lo sobrenatural, una renovación espiritual que ha afirmado la cosmovisión cristiana en diversas expresiones a lo largo y ancho del continente. Una realidad que el deseo de Castro de querer “volver a la iglesia” no hacen sino confirmarme que la transformación latinoamericana más significativa se viene produciendo por la vía de la conversión a Cristo, y no por la revolución o las ideologías de izquierda y mucho menos por la secularización y prosperidad capitalista.


[1] Paráfrasis de Hechos 26:28-29

[2] Goldenziel, J. (2009).Sanctioning Faith: Religion, State, and U.S.-Cuban Relations. Journal of law and politics. Vol 25:179-208. Ultima visita 18 de mayo, 2015. http://scholar.harvard.edu/files/jill/files/goldenziel_sanctioning_faith_2009_1_1.pdf

[3] Goldenziel(2009) también señala que esta apertura tenía tras de si intereses económicos pues ella permitía que grupos religiosos de ayuda humanitaria enviasen fondos a sus contrapartes en la isla, así como la realización de visitas de equipos y en otros casos para turismo religioso.

[4] Nelson, K. And Garret, B. (2011). A church planting movement in Cuba? Church planting Movements. March-April Issue.

[5] La misma encuesta que cito más adelante encontró que el 75% de los 1200 encuestados piensa que “es mejor tener cuidado con lo que se dice en público”.

[6] http://www.pewforum.org/2012/12/18/table-religious-composition-by-country-in-percentages/

[7] Goldenziel (2009). Ibid.

[8] Sin embargo, en el documento de los obispos cubanos que cito más adelante, se señala que solo el 2% de la población cubana, algo así como 200000 personas, asisten regularmente a misa y otros ritos católicos.

[9] En algunas de ellas se congregaban médicos que en algún momento habían estado o vendrían a Venezuela dentro de la Misión Barrio Adentro.

[10] Goldenziel (2009). Ibid. Pág. 195-196.

[11] Conferencia de Obispos Católicos de Cuba (2014). Por el camino de Emaús: Plan pastoral de la Iglesia Católica en Cuba 2014-2020. Última visita 20 de mayo, 2015. http://www.fides.org/spa/attachments/view/file/plan_pastoral_cuba_2014-2020.pdf

[12] Ibid. Parágrafo 85.

[13] Hartch, Todd (2014). The rebirth of Latin American Christianity. Oxford Studies in World Christianity. Oxford (Reino Unido): Oxford University Press.

[14] Hartch (2014). Ibid. Pág. 18

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Caminando sobre el agua

Mateo 14:22-33

 El leccionario presenta para este domingo un pasaje muy conocido que se encuentra en los cuatro evangelios. Básicamente es una continuación de los eventos que vienen ocurriendo y que han tenido su climax con la alimentación de 20000 o más personas con solo cinco panes y dos peces de provisión. La narración de ese evento ha culminado sin ninguna exaltación de Jesús, ninguna frase de admiración ni de la multitud, ni de los discípulos. En realidad, parece que Jesús así lo quería pues, aunque el oró sobre lo poco que se disponía para alimentar a tanta gente, son los discípulos, y me imagino que muchos voluntarios de entre la multitud, los que terminan repartiendo la comida y, seguramente, los que reciben las palabras y gestos de agradecimiento de aquellos reunidos en aquel lugar.

Ahora bien, el objetivo de Jesús era llegar a algún lugar solitario para poder meditar a solas sobre las frustraciones de los días previos. El maltrato recibido en Nazaret, su pueblo, que dio como resultado que pocas sanidades y milagros ocurrieran allí. Seguido del dolor provocado por el asesinato de Juan Bautista por orden de un Herodes instigado por su hijastra. Por lo tanto, Jesús ordena a sus discípulos a “pasar a la otra orilla” y él “subió a la montaña” para, por fin, tener su tiempo a solas. Pongo las dos expresiones entre comillas pues ellas han ido quedando conmigo después de años de leer estos pasajes y las mismas han tenido un impacto en mi vida en determinados momentos.

Cruzar el mar de Galilea era algo que quizás Jesús hizo con sus discípulos montones de veces, así que dicha orden no era nada extraño, excepto que en algunas ocasiones, en los relatos, se trata de cambios radicales de rumbo, como por ejemplo llegar a un sitio pagano como Genesaret, donde no se sabía muy bien con quiénes se habrían de encontrar. Así que ese cambio de rumbo simboliza la búsqueda de otros destinos misionales, salir de la rutina actual y adentrarse en una nueva aventura espiritual con nuevos actores.

Subir a una montaña parecía ser parte de las disciplinas de Jesús. Fueron varios los picos que coronó, solo o acompañado de sus seguidores. Quienes gustan del montañismo saben que subir cerros y escalar picos es una forma de espiritualidad. Cuando uno llega al tope solo hay palabras de agradecimiento por la majestuosidad del paisaje y por la vitalidad que permite llegar a esas alturas. Además es un lugar privilegiado para interceder por otros. Es la sensación que provoca al ver a Caracas desde el Ávila, sentir las vibraciones de la temible y complicada ciudad abajo y de alguna manera el contacto con Dios que se establece en medio de la soledad, el silencio y la oración.

Desde las alturas Jesús observa que el viento sopla en el lago en dirección contraria y que los discípulos están teniendo graves dificultades para “pasar a la otra orilla”. El cambio de rumbo no viene con facilidad. Me imagino lo laborioso que resulta mantener en la dirección correcta a un velero cuando el viento es desfavorable. Obviamente dependerá de las habilidades de los navegantes, pues tendrán que zigzaguear tratando de mover las velas para conseguir que el viento entre de medio lado y logre impulsar el bote hacia delante. Y he aquí una de las máximas de la navegación a vela: “no es la dirección del viento la que determina la dirección del barco, sino la posición de las velas”. En otras palabras, quizás hayamos decidido “pasar a la otra orilla”, algo que al principio parecía fácil, pero que ahora enfrentamos con dificultad pues las situaciones de la vida vienen contra nosotros, entonces no queda otro remedio sino maniobrar las velas y captar las pequeñas oportunidades que se nos abren para poder ir avanzando aunque sea lentamente.

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Dejar un lugar o un estilo de vida para cambiar a otra forma de vivir, de trabajar de ser cristiano/a, esposo/a, persona, ciudadano/a, puede lograrse a pesar de los vientos en contra, de la oposición, de las penurias y dificultades, incluso, a pesar de nosotros mismos, de nuestra propia falta de fe y de nuestras dudas. En todo caso, Jesús está desde lo alto del monte viendo nuestros esfuerzos mientras manipulamos las velas y conseguimos mover el bote de un lado al otro para que se pueda llegar a puerto seguro en el otro lado.

Según este pasaje, Jesús no se queda solo mirando sino que se acerca a la barca de una manera poco usual, “caminando sobre el lago” (Mateo 10:25). Tan sorprendente es aquella imagen que lo que provoca en los discípulos como respuesta es el miedo, pues quedan completamente aterrorizados. En un pasaje similar, cuando se presenta la gran tormenta, Jesús está dentro del bote durmiendo y los discípulos corren a despertarle. En este caso el está en lo alto del monte y de allí observa lo que acontece en el lago y él mismo decide acercarse a la barca. ¿Pudiera ser que la manifestación de Dios en un momento difícil de nuestras vidas nos atemorice? Quizás lo que puede pasar es que no la reconozcamos, que la confundamos con otra cosa. En el fragor de tratar de enderezar las velas de nuestras barcas, muchas veces no pensamos que Dios se puede hacer presente. Nuestra oración es débil, nuestra fe flaquea, el destino parece alejarse y nuestro trabajo no vale mucho. Sin embargo, Dios está a nuestro lado y ¡lo que pensamos es que es un fantasma!

Me puedo identificar con los discípulos pues, cuántas veces he tenido que recapacitar para poder reconocer a Dios actuando en mi propia vida. En medio de situaciones comprometidas, de relaciones absurdas, de conflictos innecesarios, de fracasos económicos, de enfermedades y quebrantos, momentos en los que batallaba con mis destrezas, mis conocimientos, mis habilidades, y aún a pesar de ello no lograba avanzar, la sensación de impotencia, frustración y sobre todo de desamparo crecía dentro de mi. Sin embargo, lo que no me daba cuenta era que Dios estaba allí a mi lado, acompañándome, fortaleciéndome, animándome a seguir adelante.

“Anímense¨ dice una versión de la Biblia, “cálmense” dice otra, “tened ánimo” dice una más antigua, “tengan coraje” parafrasea un escritor. En todo caso son palabras que vienen de Jesús. Sin embargo, no lo reconocemos, su voz suena familiar, pero preferimos el beneficio de la duda. Necesitamos pruebas. Actuamos como Pedro, “si eres tú”, debes hacer algo más extraordinario que simplemente caminar al lado del barco y animarnos con tus palabras. Las palabras de Pedro casi suenan como las del tentador en el desierto: “si eres.. entonces haz…”.

caminaPedro lo que se le ocurre como demostración es caminar sobre el agua batida por el recio viento en contra, igual que como la hecho Jesús. Quiere vencer las leyes de la física, los principios de flotación y mover sus pies con agilidad sobre el agua. Algo en lo que Red Bull se gastó unos milloncitos de dólares en un proyecto que titularon “caminando sobre el agua” y en el que lograron que el kite surfista polaco Maciek Kozerski, después de cuatro días y 50 intentos, lograra correr unos segundos sobre el agua. El tiempo suficiente para una foto publicitaria. Pero para ello debía elevarse con el kite, alcanzar una alta velocidad, soltar la tabla y aprovechando la inercia correr sobre el agua algunos metros. Eso sí, las condiciones de viento y de corrientes debías ser tales que permitieran la maniobra. Nada que ver con la petición de Pedro aquella noche en el mar de Galilea.

A veces, en medio de esas tribulaciones y dificultades en las que estamos, escuchamos tenuemente la voz de Dios, y de repente hacemos peticiones extravagantes, absurdas, innecesarias. Pedro podía haber pedido un empujoncito a la barca, un cambio de dirección del viento, o que cesara como mínimo, o una vela más grande. No, él quiere vencer a la naturaleza, enfrente de los otros discípulos, tal vez hacerse famoso como Maciek por ser el primer galileo en caminar sobre el agua. Lo increíble es que Jesús accede.

Sin embargo, lo que empezó bien, con uno o dos pasitos sobre la superficie del agua, termina con un grito de “Sálvame”. Jesús extiende su mano y lo saca del agua. Como que el miedo volvió a hacer de las suyas y minó la fe de Pedro. Aunque prefiero pensar que Jesús sabía que se iba a hundir y ya estaba preparado para ayudarle. Recuerdo mi primer intento de caminar en el agua, debo haber tenido unos tres años y todavía recuerdo el incidente, o quizás fue las tantas veces que le pedía mi mamá que me lo contara, lo que hizo que se mantuviera vivo en mi cabeza. Corría detrás de mi primo Toñito por la orilla de la laguna de los patos, en el parque Agustín Codazzi en La Encrucijada. Sin darme cuenta comencé a perseguir a uno de esos patos corriendo sobre el agua, pero sin suerte pues a los pocos segundos estaba ahogándome. Mi recuerdo más vívido es el de mi papá y otro amigo rescatándome, sacándome el agua que había tragado y un poco de aire para mis pulmones. Después de eso más nunca lo volví a intentar, ni sobre skies o tablas de surfing, pero lo que si hice fue aprender a nadar muy bien.

Quizás la falta de fe a la que Jesús le hacía referencia a Pedro era el hecho de que necesitara una prueba de que era él quien caminaba junto al bote. La duda de que se trataba de Jesús quien les acompañaba en su lucha contra el viento desfavorable. Pienso que aquí está el centro de la enseñanza del pasaje. Saber, estar conscientes, creer que Jesús anda a nuestro lado y que no debemos confundirlo, ni que necesitamos pedir pruebas de que se trata de él. Es la confianza plena en Dios, la seguridad de su presencia en nuestras vidas, en todo tiempo, lugar y circunstancia. ¿Para que pedir milagros absurdos o extravagantes que comprueben que se trata de él?

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Al final, el viento en contra amainó. No dice que Jesús lo detuvo, parece que fue algo espontáneo, natural. La barca podía ahora ser conducida a su destino bajo mejores condiciones. Sin embargo, la presencia de Jesús frente a los discípulos les hace arrancar las palabras que no pudieron expresar los días previos cuando el milagro fue extraordinario y se pudo alimentar a tanta gente: “ciertamente eres hijo de Dios” (Mateo 14:32)

 

 

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Denles ustedes de comer

Mateo 14:13-21

Siguiendo el calendario del leccionario, el pasaje del evangelio que se nos presenta es uno muy conocido: la multiplicación de los peces y panes. Una historia que debe haber sido muy querida por los primeros cristianos pues aparece relatada de varias maneras al menos en seis pasajes diferentes y en los cuatro evangelios.

Generalmente nuestra lectura de este pasaje es muy descontextualizada y enfocada solo en el milagro que ocurre. Quizás la contamos como algo tan lejano y mágico que difícilmente podamos creer que pueda ocurrir en nuestra realidad cotidiana. Sin embargo, el contexto nos muestra aspectos muy humanos y reales, situaciones y estados de ánimo, actitudes y estructuras que encontramos en nuestras sociedades contemporáneas.

Por un lado, la historia comienza con la persona de Jesús. Pero es un Jesús descrito allí como “solo, buscando un paraje despoblado” (14:13), alguien que no se encuentra en las mejores condiciones para enfrentarse con una multitud de personas necesitadas. Emocionalmente está en una situación difícil, viene de dos duros golpes. Por un lado acaba de enterarse de la muerte de Juan Bautista a manos de Herodes de la forma más cínica que se pueda pensar. Pero no solo eso sino que al final del capítulo 13 de Mateo, se nos cuenta cómo había sido rechazado y hasta cierto punto insultado por sus coterráneos en Nazaret, que no podían creer que un carpintero, hijo de María, la muchacha aquella que parió un bebé antes de casarse con José, alguien de las clases sociales inferiores, hasta analfabetas, pudiera expresarse con aquella elocuencia, además de realizar tantos milagros (Mateo 13:55-56). Es en ese momento que Jesús lanza la famosa proclama por todos conocida de que un “profeta es despreciado en su patria y en su casa” (13:57). El resultado es que los milagros no fluyeron allí como en otros lugares para frustración de Jesús y sus seguidores. Así que estos son los antecedentes que influyen en el estado de ánimo de Jesús: el rechazo, el fracaso y el duelo, componentes suficientes para sentirse deprimido y querer apartarse a un lugar desértico.

A pesar de todo, una inmensa multitud de quizás unas 20000 personas lo siguen por la ribera, mientras él en su bote intentaba buscar una ensenada tranquila donde atracar y de allí caminar a un sitio solitario para retirarse a descansar y ver cómo superaba aquella depresión que lo agobiaba. Pero el grupo era demasiado grande, no había logística de ningún tipo, todo era espontáneo. Nada que ver con las campañas evangelísticas actuales que se preparan con antelación y se invierten grandes sumas de dinero para predicar las buenas nuevas de Jesús. Al bajar de la barca, Jesús queda impactado con lo que ve y su única respuesta es actuar compasivamente sanando a los enfermos. No hay forma de saber cuánto tiempo tomó esta acción de parte de Jesús, pero las horas pasaron y llegaron al ocaso del día sin provisiones, sin ningún recurso que pudiera servir para aliviar aquella hambre y sed que comenzaba a desesperar a la multitud y especialmente a los discípulos.

Aquí es donde viene la primera reminiscencia de aquellos días en el desierto justo antes de comenzar su ministerio público (Mateo 6:2-4). La primera tentación tuvo que ver con la comida. Convertir piedras en pan parecía ser una manera segura de ganarse una multitud de seguidores. La petición era artificial y manipulativa, no respondía a las necesidades reales del pueblo. Pero ahora Jesús ve a aquella multitud que tiene grandes carencias. Algunos de ellos llegaron enfermos a aquel lugar de la mano de sus familiares y amigos, ahora están sanos pero debilitados físicamente y lo que es peor, realmente empobrecidos por las condiciones de vida por las que habían pasado hasta aquél momento. Contrasta este momento con los versículos anteriores donde se narra la opulencia y extravagancia de la fiesta de cumpleaños de Herodes. Los poderosos tenían lo que se les ocurriera, así fuera la cabeza de un hombre servida en una bandeja. Los pobres carecían de casa, comida y salud, de ese grupo social es que proviene los 20000 seguidores de Jesús que están allí reunidos. ¡Cuánto parecido con la realidad actual! Élites que acaparan el poder y pueden darse todos los lujos que se les ocurran mientras el pueblo carece de lo más básico para su subsistencia o bien tiene que hacer demasiadas cosas para conseguirlo.

Sin embargo, la reacción de Jesús es sorprendente. No se deja tentar por la vanidad de ser quien le resuelve los problemas a las personas. No es un líder populista buscando la aclamación del pueblo o lograr el poder a cualquier precio. Pero la situación amerita un milagro porque no hay provisiones y ya hay signos de desesperación. El milagro podría ser muy sencillo, como dormir mágicamente el hambre de la gente mientras regresaban a sus casas, o bien llenarles las barrigas milagrosamente, o poner en las manos de cada uno allí presente un plato de sopa y un mendrugo de pan. Casi como convertir piedras en pan y caer en lo que el tentador quería, que usara el poder para ganar adeptos y lograr su gloria por esos medios. No, Jesús quiere que sean sus discípulos los que alimenten a la multitud y por ello les ordena: “denle ustedes de comer” (14:16). Suena ridículo, absurdo, sabiendo que la solución que habían sugerido los discípulos era la de dispersar a la multitud y mandarla a los poblados cercanos a buscar qué comer. Pero Jesús insiste, ¡la solución debe venir de ellos!

loafs and fishPero lo que hay es poquito. Muy poquito. Insignificante. Son cinco panecillos y dos sardinas. Muchísimo menos que los veinte panes de cebada y trigo que Eliseo ordenó repartir a cien hombres (2 Reyes 4: 42-44). Pero el recurso proviene de la gente y los discípulos lo descubrieron. Jesús ora al cielo, da gracias y parte el pan, no hace más nada, ningún teatro, ninguna alusión a su persona, nada que atrajera a aquella gente hacia si mismo (más adelante lo van a abandonar a pesar de estar bien alimentados). Los discípulos son los que trabajan, comenzaron a repartir y alcanzó y sobró. No hubo otra intervención de Jesús, no había necesidad. Los discípulos y la gente allí reunida hicieron lo que hacía falta.

Estamos en Venezuela en una situación difícil. Hay signos de desespero en muchos. Algunas encuestadoras dicen que más del 65% de la población considera que la situación es mala. Cifras similares resultan cuando se inquiere sobre las limitaciones del liderazgo actual para enfrentar la crisis. Quizás algunos políticos asumiendo cierta forma de mesianismo trataron en el pasado de convertir piedras en pan. La verdad es que no es difícil caer en esa tentación. Pero la fórmula tiene su fin y ya no da resultado. La gasolina hay que aumentarla 400%, la harina de maíz pre-cocida no se puede producir a los precios actuales, hay escasez de casi cualquier cosa, no hay insumos para la salud, hay carencias en cualquier sector de la vida nacional. Como iglesia pensamos que un milagro es la solución. Algo que cambie nuestra situación actual y nos saque de la pobreza moral, social, política, económica y espiritual en la que estamos sumidos. En realidad la mayoría de nosotros no queremos enfrentar la solución, preferimos que la gente “vaya a los otros pueblos” a ver qué consiguen. Nuestros jóvenes emigran. Los más viejos buscamos entre nuestros antepasados a ver si conseguimos alguna raíz que nos de una nacionalidad que nos permita trabajar en otro país. El gobierno recurre a los préstamos, sus fórmulas de productividad han fracasado. Los que vivieron a costa de la bonanza del país ahora miran en otras direcciones.

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 ¿Acaso no hay cinco panecillos y dos peces entre nosotros? Aunque parezca mentira, solo bastaría con eso y con nuestra diligencia para iniciar un cambio. Tenemos que mirar hacia adentro y preguntarnos ¿qué tenemos? ¿qué podemos aportar aunque sea mínimo o insignificante? Como los obedientes discípulos que comenzaron a repartir sin saber si lo que hacían alcanzaría para los más de 20000 reunidos en aquél campo, debemos comenzar desde lo poco que tengamos a producir cambios. Lo demás lo hace Jesús. De la multiplicación se encarga Dios y sobrará para ayudar a otros.

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¡Desastre en Belo Horizonte!

Como muchos venezolanos me hice fanático de las copas del mundo de fútbol después de aquél campeonato extraordinario de México 70. Antes de eso solo tengo unos vagos recuerdos de Eusebio y sus goles tras escuchar por radio unos minutos de los juegos de Portugal en la copa de 1966. Nunca jugué fútbol en ninguna de sus versiones, nunca he sido hincha de ningún equipo local y solo asistí a los juegos del equipo de la USB cuando íbamos a los JUVINES. Pero cada vez que viene una copa del mundo me convierto en un ávido fanático del fútbol y me apasionan los detalles del juego dentro y fuera de la cancha. Igualmente, como muchos venezolanos, también estoy a favor de Brasil, salvo en este torneo en el que me cambié a Colombia.

Así que pueden imaginarse qué estaba haciendo este martes en la tarde. Vi los minutos iniciales del juego y decidí apurar un poco más el trabajo que estaba haciendo para poder sentarme y concentrarme en un juego que esperaba sería intensamente disputado. El primer gol a los 12 minutos me preocupó solo porque ya habíamos visto juegos ganados en este mundial con goles tempraneros. Pero la cosa se puso fea cuando vinieron dos goles más, y luego dos más para llegar a 5-0 en menos de media hora de juego. Aunque Brasil no había sido mi equipo en este torneo, además que no me gustaba su estilo de juego, ni siquiera me atraían sus jugadores claves como Neymar, Oscar, Alves o Thiago, quedé completamente estupefacto, viendo a un equipo Alemán que movía la bola y tocaba, como si ellos fueran los inventores del jogo bonito (según el slogan que adoptaron para este mundial: “Vocês nem imaginam o quanto de Brasil existe dentro de nós!“). Como lo dice Fernando Mires, quizás no es jogo bonito brasileño o el antiguo fútbol mecánico alemán, sino un mejor fútbol que está surgiendo, más integral, más completo, y los alemanes junto con otros equipos se atrevieron a probarlo en este campeonato.DFB-Team

Pensando en mis amigos brasileños, me abatió un pensamiento extraño, trágico, triste, que por un momento me hizo sentir ganas de llorar. Era como ver un juego de entrenamiento entre un equipo de una liga europea contra el de una escuela de fútbol. Reminiscencias de cuando la selección de Venezuela (antes de ser Vino Tinto) se las veía con Brasil y perdía 10-0 pasaron por mi mente. O de cuando la selección de baloncesto de República Dominicana nos sacó 60 puntos de ventaja al equipo de la USB  en un juego amistoso en Santo Domingo, por allá hace cuarenta años. Son cosas de la vergüenza deportiva, de la humillación que se siente cuando el rival es demasiado poderoso, de cuando las expectativas son aplastadas sin misericordia.

Sin embargo, mis sentimientos en aquél momento no se referían a la paliza como hecho en si mismo. Una derrota de esa magnitud siempre es dolorosa. Mi confusión obedecía a otras cosas que no lograba entender. Algo más profundo. Más difícil de explicar. Por eso he pasado los últimos dos días, incluyendo un lapso de espera de unas 12 horas en un aeropuerto tratando de darle sentido a esta escena de nuestra cultura contemporánea que los amantes del fútbol no podremos olvidar tan fácilmente.

En primer lugar, muchas de esas derrotas catastróficas a las que hice referencia, o juegos de práctica donde hay una superioridad notable entre un rival y el otro, son generalmente bastante poco notorias, anónimas si se quiere. El sentimiento de impotencia o de frustración queda reservado a los jugadores y a los pocos asistentes a los estadios. Sin embargo, estábamos ante un evento con testigos en todas partes del mundo, no sólo en el estadio. Claro, la televisión nos mostró las imágenes. Pero las redes sociales las multiplicaron y escalaron a niveles impensables en ningún evento deportivo anterior a éste. Durante el juego se emitieron más de 36,4 millones de tweets, 12 millones más que en el último Superbowl. Cuando Sami Khedira marcó el quinto gol se produjeron 580000 tweets por minuto (ver este mapa dinámico de tweets durante el juego, ponga atención a los instantes donde se produjeron los goles). En ese momento las redes sociales explotaban con dolor, tristeza, llanto, pero con muchísima ironía, sorna, burla también.

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El equipo del país anfitrión, a la vista de millones de personas en todo el mundo, era salvajemente demolido y sometido al escarnio mundial por uno que se veía infinitamente superior. Pero esto que se dice fácilmente en tres líneas, tiene unas implicaciones que en este momento son difíciles de evaluar. Por un lado, si los brasileños nunca olvidaron la derrota con Uruguay en 1950, y no perdonaron al portero Barbosa, ¿qué pasará con estos once jugadores y sus cuatro técnicos? Por el otro, el simbolismo de la derrota tiene unas connotaciones culturales muy profundas. Es como si la idolatría al fútbol que había caracterizado al Brasil quedaba expuesta para ser derribada a los ojos de todos sus adoradores.

En segundo lugar, comencé a pensar que realmente el equipo había llegado a este punto digamos que mediocremente y con muchísima suerte. Ciertamente carecía de dos jugadores fundamentales pero, ¡vamos!, es impensable que en el país con la mayor cantidad de futbolistas en el mundo, no hubiese jugadores en el banco que pudiesen reemplazarlos. Casualmente días antes del juego, había escuchado a un comentarista hispano decir que el árbitro del juego Brasil-Colombia al no sacarle la roja directa a Julio César, había logrado no desarticular completamente la columna vertebral del equipo formada por estos tres jugadores. Ya desde el comienzo se veían las fallas del equipo y quizás desde mucho antes. Supuestamente el fútbol de la selección brasileña se ha tornado en más defensivo y práctico, dejando a un lado el virtuosismo y el toque que lo caracterizaron. Pero, después del primer gol de Alemania, lo que vino fue una cascada de goles, como cuando un edificio o un puente colapsan a raíz de una fractura en sus estructuras. En otras palabras no existió defensa, e incluso quien parecía el nuevo líder del equipo, David Luiz, estaba completamente perdido y cometiendo imprudencias.

Definitivamente, la supuesta ventaja de ser anfitrión no favoreció a Brasil pues no tuvo que jugar la eliminatoria sudamericana, donde todos los problemas que tenían hubieran sido expuestos claramente, y quien sabe si Scolari hubiese continuado siendo su DT. La verdad es que desde la derrota de Brasil en Sudáfrica tuvieron pocas oportunidades reales de probarse como equipo. Ni siquiera aprovecharon la Copa América 2011, quizás pensaron que faltaba mucho para la copa mundial.

Mientras tanto los alemanes continuaron su planificación, desarrollando jugadores, ampliando sus escuelas de talento, y sobre todo, incorporando tecnología para monitoreo fisiológico de los jugadores y para el análisis de las estadísticas y diseño de estrategias usando big data. Hasta una aplicación fue creada para este mundial en la que cada jugador alemán puede analizar su juego usando su teléfono inteligente, estudiar a los rivales y sobre todo mantenerse concentrados en el torneo. Aún más, la federación alemana construyó un sitio de retiro en Bahía para mantener concentrados a los jugadores en un lugar que fue escogido en base a clima, distancias a recorrer, con la playa en frente y facilidades para facilitar la unidad del equipo. Incluso realizó actividades culturales en el pueblo vecino de Santo Andre, recibieron clases de portugués y de cultura brasileña y se mostraron cercanos al pueblo. Los brasileños, por su parte, estuvieron muy distraídos durante todo este tiempo e incluso se dice que perdieron 11 días de entrenamientos en el campo de juego por diversas razones. Aparte de que eran constantemente interrumpidos por diversas celebridades locales y múltiples eventos.

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En tercer lugar, tenemos que regresar a los medios de comunicación tradicionales y los nuevos medios sociales, pues de alguna manera se habían encargado de inflar las posibilidades de este equipo, cuando tal vez tenía demasiadas debilidades. Después del juego, el blog Fivethirtyeight catalogó el resultado del juego como el “más desastroso” en toda la historia de las copas del mundo. Según ellos, Usando el predictor de resultados del Soccer Power Index (SPI), la probabilidad de que Alemania marcara siete o  más goles era un ínfimo 0.022, es decir de 1/4500. Sin embargo, ellos mismos habían previsto usando esos modelos matemáticos, que la posibilidad de que Alemania derrotara a Brasil era del 35% aún con la ausencia de Neymar y Thiago, y habían mantenido desde el comienzo de la copa que Brasil ganaría el mundial. La predicción de la firma Goldman Sachs, que yo mismo retuitie, también daba a Brasil como favorito. Aunque luego fue corregida una vez que España fue eliminada, siguió dando a Brasil como campeón. Lo que se puede ver es que estos modelos no son suficientes para tomar en cuenta la desconcentración de los jugadores, la ausencia de trabajo en equipo, la calidad de la dirección técnica, los malos árbitros que taparon errores del equipo en juegos previos, el acondicionamiento físico y mental de los jugadores (por ejemplo Fred y Daniel Alves), las lesiones y un contexto de tragedia griega, donde el temor por perder la copa tenía connotaciones políticas y sociales, ejerciendo presiones innecesarias sobre los jugadores.

copaPor último está todo el ambiente de crítica que rodeó a la copa del mundo. Desde la Copa Federaciones en 2013, comenzaron las protestas y solo amainaron unas horas antes de la inauguración del torneo. La derrota del equipo de esa manera me hizo pensar en el tan cacareado éxito brasileño, su despunte como país emergente de rápido desarrollo con un mercado potencial de 200 millones de habitantes, sin contar el resto del Mercosur. Ver a un equipo que era pura cáscara y que al ser presionado simplemente se rompe y deja ver sus grandes vacíos puede ser una metáfora también de un país donde quizás todavía prevalecen la desorganización, indisciplina, viveza (ese jeitinho brasileiro), corrupción y compadrazgo, lo cual hace perdurar la desigualdad y la pobreza. Tal vez este monumental fracaso sirva para reevaluar muchas cosas en la sociedad brasileña. Me sumo a las palabras del teólogo brasileño Leonardo Boff comentando sobre este juego:

Aquí, en este país pluridiverso, con un pueblo hospitalario y fiestero, donde casi nada funciona bien, ni la salud, ni educación, ni el transporte ni seguridad, decíamos que aparte del carnaval, no éramos buenos para casi nada. Pero pensábamos que al menos éramos buenos para el fútbol, deporte que dio a la gente común un sentido de valor, de autoestima. Ahora ya ni siquiera podremos apelar al fútbol. Durante muchos años este siniestro martes 8/7 de  2014, con esos 7 goles de Alemania, nos seguirá como una sombra abominable. Pero esos mismos brasileños que ya sufrieron tantas adversidades sabrán darle vuelta a esto, pues poseen como pocos pueblos una resiliencia histórica.

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La política por las nubes

Un par de veces al año dicto un curso on-line de gerencia de la información en salud y uno de los temas más importantes es todo lo relativo al uso de las tecnologías de participación social, lo cual abarca un poco más que el concepto de las redes sociales per se. Como parte de la discusión le pregunto a los participantes quiénes de ellos tienen cuentas en Facebook, Twitter, Whatsapp, Instagram, Flickr, etc. y siempre me sorprende que aunque  la mayoría tienen Facebook, las otras redes sociales son poco conocidas. De hecho, en este semestre hice la encuesta la misma semana en que Facebook había comprado Whatsapp y uno de los estudiantes norteamericanos ni siquiera sabía que esta red social existía. Sin embargo, cuando nos movemos a Venezuela, el resto de los países latinoamericanos, África y el medio oriente la apreciación y el entusiasmo por las redes sociales cambian radicalmente.

Unos días antes de mi clase, tal vez la misma semana en que comenzaron los disturbios en Caracas el 12 de marzo, consulté la penetración de Twitter en el mundo y Venezuela aparecía en el cuarto lugar, detrás de Arabia Saudita, Indonesia, y España, y por delante de Argentina, Reino Unido, Holanda y los Estados Unidos. La estadística se calcula como el porcentaje de tuiteros activos en base a la población total de internautas, cuya penetración actual en Venezuela es aproximadamente entre 45 y 50 % según datos de Conatel, el organismo regulador de las telecomunicaciones en nuestro país. En el gráfico del Banco Mundial se puede ver que para finales del 2012 ya la penetración era del 44%, pero creciendo a una tasa anual superior al 8% (un porcentaje que es muy superior a la tasa de crecimiento a nivel mundial). Usando estos datos, nos daría que, con bastante facilidad, aproximadamente 15 millones de personas son usuarias de Internet, y de éstas, según el ministro de Ciencia y Tecnología, el 94.6% usarían las redes sociales.
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Sin embargo, una empresa de investigación  independiente señaló que el crecimiento del uso de Internet en Venezuela había sido superior al 62% entre 2012 y 2013, ubicándola en el primer lugar del mundo, por delante de India e Indonesia. Según ellos, los datos de Conatel y los reportados por el Banco Mundial en el gráfico anterior, no incluyen los usuarios de telefonía móvil, quienes aparte de 3G, también acceden a Internet compartiendo las redes inalámbricas de las casas y oficinas en todas las ciudades del país, aún hasta en los sectores populares. Así que, usando información adicional como el incremento del tráfico de los proveedores de servicios y de las operadoras de telefonía celular, concluyen que la penetración ronda realmente el 60% a nivel nacional.

Otra organización ha llegado a la conclusión de que la penetración de la telefonía móvil en Venezuela sobrepasa el 86% de la población  y de estos usuarios, más del 31% ya posee un teléfono inteligente que les da acceso a Internet, pero más específicamente a las redes sociales. En la muestra que ellos estudiaron, la penetración de Internet via telefonía o banda ancha sería del 59%. También analizaron las actividades más comunes que realizan los usuarios de Internet via telefonía móvil o a través de los diferentes proveedores de servicios (ISP) los cuales se muestran en la tabla que sigue abajo. Allí se destaca con gran prominencia la obtención y transmisión de información política con un 39%, usando prefrentemente texto (SMS o chats) e información visual (fotos o videos).

Actividades de los usuarios de Telefonía Móvil en Venezuela 

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Fuente: estudio Pew 2014.

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La misma investigación obtuvo un resultado bastante interesante en lo relativo a la politización de las redes sociales en Venezuela, aunque no del todo sorprendente. En el gráfico a la derecha se  puede observar cómo fundamentalmente Facebook y Twitter han servido para determinar la preferencia política de las personas, siendo Venezuela el país del mundo donde esto se da en mayor grado, pues aproximadamente un 74% de los usuarios de redes sociales descubrieron la filiación política de un “amigo” a “amiga” a través de una de estas redes.

Obviamente las redes sociales sirven aquí como vehículos para la manifestación de los poderes de Feme, la criatura de la mitología griega que poseía un ojo debajo de cada ala y una lengua por cada ojo y que iba por allí repitiendo sin cesar todo lo que iba aprendiendo, primero suavemente, y luego aumentando el nivel progresivamente hasta que todos lo hubiesen escuchado. En la mitología romana se decía que habitaba  en una casa con 1000 ventanas para poder ver y oír todo lo que ocurría y se decía en el mundo, pero no podía discriminar entre lo bueno y lo malo, ni en la naturaleza o cualidad de los rumores que ella esparcía. El poeta romano Virgilio dijo que ella “tenía sus pies en la tierra y su cabeza en las nubes, haciendo que lo pequeño pareciese grande, y lo grande aún mayor”. Pero debido a que Feme nunca duerme o descansa, no se le permite su entrada al cielo y permanece allí un poco debajo de las nubes, pendiente de lo que pasa en la tierra para esparcirlo y amplificarlo, sin importarle sin son verdades o mentiras.

Se trata de una excelente metáfora de esas redes sociales en las que estamos participando, hablando, experimentando, modificando e innovando. Así como Feme toma los rumores, chismes, cotilleos, murmuraciones y leyendas y los disemina por allí sin discriminación, las redes sociales toman los hechos de la política cotidiana y los aumenta o amplifica desproporcionadamente y sin control, especialmente en un país donde se ha producido una polarización exagerada de la población desde el punto de vista político. Por lo tanto, es necesario que existan formas de compensar sus aspectos perversos, y de hacer brillar los positivos, pero para ello debemos conocer a esta Feme postmoderna y no mitificarla, mucho menos ignorarla pues está allí, siempre presente, haciendo de las suyas.

Lo anteriormente expresado es una manera metafórica de aproximarnos al problema actual que estamos viviendo en Venezuela. Sin embargo, lo que si es importante a considerar es cómo estas nuevas realidades de la interacción humana, estos nuevos espacios de participación basadas en la tecnología, están condicionando la situación política actual y por qué, hoy por hoy, la reducción de la brecha digital a través del incremento del acceso de las personas a Internet se convierte en un escenario de activismo político con características propias, muchas de ellas totalmente novedosas para los diversos actores. Me propongo considerar estos aspectos en cierto detalle en las próximas entradas al blog.

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La batalla de l@s victorin@s

Creo que la novela “Cuando quiero llorar no lloro” debe haber sido la primera obra de Miguel Otero Silva que no tuve que leer obligado. Su lectura me resultó impactante sobre todo porque me hablaba de un país que como bisoño estudiante universitario apenas comenzaba a conocer por mi mismo. Los personajes de la historia deberían tener hoy 65 años pues habrían nacido el ocho de noviembre de 1948. Sin embargo, sus vidas se truncan a la temprana edad de 18 años, en la Venezuela de 1966, cuando yo estaba en segundo año de bachillerato. La novela relata desde los ojos del autor una parte de la historia de nuestro país llena de incertidumbre, conflictos políticos, desigualdades y sobre todo de violencia. Tristemente los tres personajes, llamados cada uno Victorino, pero de apellidos Peralta, Perdomo y Pérez, para diferenciar sus orígenes sociales (rico, clase media y pobre), terminan muriendo el mismo día en situaciones violentas diversas. Lo cual se constituye en una gran metáfora acerca de un país donde ninguna clase social escapaba de los conflictos y cuyos jóvenes, especialmente varones, estaban siendo ofrecidos tempranamente en el altar de los sacrificios, quedando sus madres llorando esas vidas malgastadas.

Uno de estos días de tanta agitación caminaba con Nora por La Rosaleda, una urbanización habitada fundamentalmente por familias de militares, y nos encontramos con un espectáculo inesperado para la zona. Jóvenes del lugar con las caras tapadas y armados con palos y botellas de gasolina, habían construido una barricada impresionante, con camiones, carros y busetas chatarra y restos de máquinas de construcción que encontraron en el lugar. Nos quedamos mirando un rato la labor febril de construcción de la barricada y al resto de los habitantes que venían de sus labores normales teniendo que irse a pie por la empinada subida, tratando de entender por qué esta protesta había tomado semejante curso.

Escuchamos algunas conversaciones y los muchachos se referían con temor y a la vez con rabia acerca de los grupos que se habían congregado en la entrada de la urbanización como a 300 metros de distancia, los cuales, a su parecer, eran guardias nacionales y motorizados civiles armados. Uno podía percibir el ambiente tenso y cargado de violencia, el largo proceso de pugnacidad abierta y de ofensas verbales se había trasladado a la lucha en las calles, donde las heridas son físicas y pueden llevar a la muerte como lamentablemente lo hemos presenciado en estas últimas tres semanas.

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Mirando a estos jóvenes fue cuando comenzó a darme vueltas por la cabeza la obra de Otero Silva. Me preguntaba, ¿Cómo este habilidoso autor hubiese escrito esa novela en los momentos actuales? Mientras caminaba en silencio, me imaginé que l@s Victorin@s ya no podrían ser solo tres pues, hoy por hoy, no podríamos hacer una disección tan fina entre las diferentes clases sociales que componen el país y los actores juveniles de este mes de batallas que hemos vivido, sean estudiantes soldados, colectivos provienen de todas esa fragmentación social que vivimos. Que no tendrían porque ser únicamente varones pues esta cultura de la violencia que estamos viviendo es inclusiva y no diferencia entre géneros, ya que vemos a las muchachas de cualquiera de los bandos tan agresivas como los varones. Que habrían nacido después del 27 de febrero de 1989 como fecha significativa que marca un cambio en la vida y rumbo del país. En otras palabras, una cohorte cuyas edades van de los 16 a los 25 años en promedio aproximadamente.

Pero, lo más trágico de todos estos pensamientos, es que en mi recreación mental de esta novela, no cesaba de pensar que a diferencia de los protagonistas originales, los de esta versión, miembros de la cohorte del caracazo, terminarían matándose despiadadamente  los unos a los otros. Ese último aspecto fue el pensamiento que me acompañó el resto del recorrido y me produjo un gran pesar. ¿Cómo vivir con semejante carga y dolor por lo que estamos presenciando en nuestro país? ¿Cómo permitir el sacrificio de nuestras cohortes juveniles en refriegas violentas, como carne de cañón, víctimas de esta cultura de violencia que se instaló en nuestra nación?

Hoy, lamentablemente,  tenemos que expresarnos con palabras parecidas a las del profeta Jeremías:

¡Cómo ha quedado sola la ciudad populosa!…. Amargamente llora en la noche, y sus lágrimas corren por sus mejillas……..Las calles de las ciudades de Venezuela tienen luto,……(Lamentaciones 1:1, 2, 4)

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Reflexiones en mi cumpleaños número sesenta

En 1975 un cardiólogo andino, radicado en Caracas, me preguntó a mi y a un pequeño grupito si queríamos participar en la construcción del mejor hospital cardiológico de América Latina. Nuestra respuesta fue obviamente “¡Por supuesto que sí!”, apenas tenía 21 años. Seguidamente el médico agarró una de esas viejas agendas, escrita por todos lados, y en un recodo de una página escribió los nombres de al menos cuatro estudiantes que esa tarde habíamos ido por mera casualidad al Instituto de Medicina Tropical de la UCV. Simplemente dijo, dentro de poco los llamo para concretar sus becas y que se vayan a Houston o a Boston a formarse como ingenieros en el naciente campo de la bioingeniería.

Salimos de allí a terminar nuestras carreras. Comenzamos a trabajar. Era una época floreciente en Venezuela. Casi no tuve que hacer esfuerzo para encontrar trabajo y apenas unas cuatro semanas de haber recibido mi título de ingeniero ya estaba trabajando en una empresa de consultoría. Como pertenecía al grupo de los pichones, de inmediato me mandaron al campo, es decir, a los grandes proyectos de la industria básica, especialmente el llamado Plan IV de SIDOR.

Aquello era pura efervescencia. Había gente de todas partes de Venezuela y del mundo. Uno de los proyectos que me mandaron era el diseño de la red de comunicaciones del edificio de investigación y desarrollo de la siderúrgica, desde la central telefónica hasta los abonados, todos los intercomunicadores y el cableado de TV, nada de redes de computadora o Internet, todo analógico. Espero que esos investigadores se hayan podido al menos llamar por teléfono y que los errores que cometí no hayan sido muy notorios.

Mientras tanto en la empresa otros colegas trabajaban en numerosos proyectos, se respiraba un aire de optimismo, de que se podían hacer las cosas, que valía la pena emprender cosas nuevas. Algunos salieron de allí a crear empresas innovadoras en el campo de la electrónica y telecomunicaciones. Otros de los que se graduaron conmigo se fueron a la industria petrolera, otro tanto se benefició de los programas de becas y se comenzaron a formar en Estados Unidos y Europa.

Como al año de aquel encuentro fugaz con el cardiólogo tachirense, recibí una llamada de uno de mis grandes amigos y me dijo: “¿sabes que nos llamaron para lo del hospital cardiológico? Tenemos que ir a una entrevista”. En pocas horas mi vida cambió (debo decir que la de mi amigo también aunque trágicamente pues falleció mientras hacía su maestría). Comenzamos a soñar en una Venezuela próspera, con desarrollo tecnológico, con programas de salud de alta calidad, con nuestros propios diseños de marcapasos, válvulas, arterias, equipos, sistemas informáticos… Me fui a otro país a prepararme y volví porque nuestro interés era trabajar por Venezuela. Durante treinta años continuos eso fue lo que hicimos y quizás lo que seguimos haciendo.

MAESTRIA

Tal vez se pregunten, ¿Por qué estás contando todo esto? ¿Por qué tanta nostalgia? Es que hace apenas unos días llegué a mis sesenta años y como me dijo una señora en Mérida, eso no es cualquier cosa. Así que me dio por reflexionar un poco acerca de este peregrinaje de vida y de cómo ha cambiado mi país. Como pueden darse cuenta, mi formación y mis mentores, intencionales y accidentales, forjaron una idea de progreso, de avance, de futuro en mi persona. Esos años en California y los innumerables viajes de estudio a Francia, las conversaciones en la USB, los proyectos, las ideas, todo apuntaba a ver un mejor país en algún momento, quizás cuando llegara a los 60 años, un poco antes de que “las que muelen sean pocas, y dejen de moler” como dice el libro de Eclesiastés (12:3-7)

Bueno, llegados los sesenta años, jubilado de mis labores universitarias, salimos a la calle a encontrar el país que esperaba hacer progresar con mi esfuerzo y el de muchos otros y me encuentro con una nación complicada, materialista hasta la médula, en cierta forma mendigante, dependiente de una dádiva de funcionarios que controlan y determinan nuestra vida. Durante el mes de mi cumpleaños número sesenta, Nora y yo experimentamos en carne propia el ir y venir, los trámites, las colas, la escasez, el deterioro social, físico, moral y espiritual, y la incertidumbre a la que estamos sujetos la mayoría de los venezolanos. Debo decir que encontramos bondad en muchas personas, restos de la calidad humana de los venezolanos, pero nada o poco, de aquél país de progreso, de avance y optimismo. ¿Sería que aquello no “era sino pura ilusión y como querer atrapar el viento”?

Mientras tanto la imaginación de nuestro país está contaminada. No se nos habla de libertad para emprender e innovar sino de controles y castigos. Ni de paz, encuentro o cooperación sino de guerra y conflicto. Tal vez llegó la época que describe el libro de Eclesiastés en las que “el necio ocupa altos cargos mientras que la gente que vale ocupa puestos humildes” (Ec. 10:6). Estamos en un punto en el que perder la esperanza está muy cerca, la idea de escapar es acariciada, los ideales se pierden, los sueños se hacen difíciles.

A pesar de ello, al arribar a los sesenta años de edad, sigo apelando a aquellos sueños de progreso, de esperanza para mis nietos, pues como me lo recuerda el libro de Eclesiastés, con todo y sus abundantes contradicciones, “Para los vivos aún hay esperanza, pues vale más perro vivo que león muerto… “ (Eclesiastés 9:4).

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